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En covid hubo más turistas que hoy con el chapopote: Peña Hermosa, pueblo pesquero que agoniza por derrame

Peña Hermosa, comunidad pesquera en Tatahuicapan, Veracruz, enfrenta una crisis por el derrame de chapopote en el Golfo de México que ahuyenta al turismo y paraliza la pesca; pescadores y comerciantes registran pérdidas, deudas y productos sin vender ante el temor de los turistas a la contaminación

Pescadores y prestadores de servicio no logran vender sus productos.
Peña Hermosa, un pueblo pesquero de Veracruz, vive en crisis desde que el derrame de hidrocarburo llenó sus costas.Pescadores y prestadores de servicio no logran vender sus productos.Créditos: MIGUEL ÁNGEL LEÓN CARMONA
Escrito en VERACRUZ el

TATAHUICAPAN DE JUÁREZ, VER.- Una especie de maleficio invadió a Peña Hermosa, un pueblo de 25 familias cuya economía se sostiene de la bondad del Golfo de México. Este año todo es diferente en esta playa cálida. A sus pescadores les robaron las carcajadas y solo miran el mar con impotencia porque toneladas de pámpano y pez robalo pasan de largo sin que puedan capturarlos. Hoy las olas solo vomitan hidrocarburo negro y pegajoso que ni siquiera el gobierno federal sabe con exactitud qué empresa lo provoca. 

Es miércoles 1 de abril en esta playa ubicada en las faldas de la Sierra del Tatahuicapan. En un año normal debería haber al menos 500 turistas bañándose, bebiendo caguamas o escuchando música tropical. No hay un solo turista gastando su dinero, solo una cuadrilla de 12 personas con overoles blancos, guantes de látex y cubrebocas. En tres días han recogido cinco toneladas de hidrocarburo que comenzó a brotar en el Golfo de México hace un mes y que se esparció a lo largo de 630 kilómetros de litoral en los estados de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas

“Desde que puse mi restaurante (hace 30 años) nunca había habido una temporada tan baja como este año. Hubo más gente en la temporada de COVID que ahorita con el chapopote. De plano. Al COVID no le tuvo miedo la gente; al chapo sí”, dice Aurelio Vite Flores, dueño de la palapa “Katy”, quien así describe la tragedia de su comunidad. 

En Peña Hermosa la gente tiene pocas opciones para ganarse la vida: es pescador, jornalero o prestador de servicios en la playa. Solo dos de sus habitantes han conseguido terminar una licenciatura y son el orgullo del pueblo. 

Como cada año, la gente se preparó para recibir la cuaresma. Aurelio solicitó un préstamo y compró en el mes de febrero 250 kilos de mariscos que repartió en cuatro refrigeradores. “Ahorita tengo almacenado el marisco desde febrero porque no hemos tenido turismo; tengo pámpano, robalito, sierra y mojarra. En años pasados este día ya estábamos a un 80 por ciento de turismo; ahorita no hay ni el 2 por ciento”.  

Y es que sin el turismo la economía se jode en Peña Hermosa y derivan en una cadena de problemas: Aurelio no tiene a quién vender su producto. No puede contratar a 10 empleados como lo hace cada año. No comprará más pescado a la cooperativa del pueblo. No podrá pagar el préstamo que pidió. ¿La razón? La gente tiene miedo de enfermarse por comer marisco contaminado. 

“El año pasado hoy tenía de 8 a 10 empleados, ahorita yo soy el que atiendo. Lo del chapopote nos pegó durísimo. Si viene gente me pide mojarra que es de agua dulce. Yo tengo un crédito que me dan año con año y ahora sí no sé cómo lo voy a pagar”, dice el hombre languirucho, de nariz aguileña y bigote poblado. 

Pero Aurelio hace una precisión para que la gente confíe y visite su playa. Los 250 kilos de marisco que tiene en sus hieleras lo compró desde febrero, es decir, antes de que las toneladas de chapopote comenzaran a brotar del mar. El hombre muestra a las cámaras un ejemplar de pámpano de 2 kilos. “Este pámpano no tiene ni una mancha de chapopote, ¡mírele la panza!; cuando llegó el chapo fue que dejamos de comprar marisco de agua salada”. 

La palapa “Katy” no solo es el sustento de Aurelio, también es el de su padre, de 75 años, y de su esposa. Hoy, desesperado, pide al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum que, al igual que a los pescadores, la Secretaría de Bienestar cense a prestadores de servicio en las playas de Veracruz que, como él, están arruinados. 

“Presidenta, si va a dar indemnización, nosotros le agradeceríamos muchísimo si vinieran a censarnos porque a lo mejor con un apoyo vamos a salir de las deudas. La mera verdad nos sentimos abandonados”. 

“Los pescadores llevamos 30 días varados; que Dios arregle este problema”.

Redes se echaron a perder por derrame de hidrocarburo

A 100 metros de la palapa de Aurelio Vite, hay tres pescadores que miran con impotencia cuatro lanchas que cumplen 30 días encalladas en un pequeño lago de Peña Hermosa. Allí está Diaden Llano Matías, de 49 años, quien es uno de 16 pescadores que integran la cooperativa de esta comunidad. 

Diaden contempla su lancha de motor “La Carmelita”, y muestra una de sus redes manchada de chapopote que ya no sirve para pescar. El hombre acepta contar el problema que hoy lo llena de incertidumbre. Hace un año, a esta hora, estaría vendiendo marisco en las comunidades de la Sierra, donde el kilo de pámpano se lo pagan hasta en 120 pesos. 

“Desde el día 5 de marzo dejamos de pescar y desde ese entonces estamos varados por lo del chapo”, dice el jefe de familia.  En el mes de febrero el Golfo de México fue bondadoso con su cooperativa y llenó sus redes como lo ha hecho desde que él se hizo pescador, en el año de 1996. Pero el maleficio de su comunidad comenzó el 3 de marzo. 

“El 3 de marzo escuchamos en el celular que en El Jicacal —playa ubicada a 55 kilómetros de Peña Hermosa— estaba saliendo “chapo”; nosotros estábamos pescando; comenzamos a pescar desde el 1 de febrero. El día 5 fuimos a ver las redes y estaban manchadas de chapo. Levantamos todo y el pescado que se contaminó lo volvimos a aventar al mar”, dice el hombre de piel de tez morena, con manos grandes y largas, como las de un portero de fútbol.

Los pescadores de Peña Hermosa y de las otras 11 playas de Tatahuicapan de Juárez solo tienen permitido pescar en los meses de febrero y marzo; ignorar la ley puede hacerlos acreedores de multas que alcanzan los 900 mil pesos. Con esos dos meses de pesca las ganancias les permiten sostenerse otros 4 meses. El resto del año se dedican a sembrar frutas y maíz en sus parcelas.  

Diaden, como los otros 16 pescadores de su cooperativa, recurrió a préstamos para invertirlos en redes y acondicionar sus lanchas. "Este año invertí 12 mil pesos con un préstamo que pedí en el pueblo y lo demás fui guardando de un programa que tengo del gobierno federal. Con eso compré ocho gasas para mis redes —cada red le cuesta a un pescador entre cinco y siete mil pesos—”. 

“Nos preocupa esta situación que estamos viviendo porque ya teníamos pensado llevar a la familia a comprar su ropa y ahora ya no vamos a poder. Todo se puso caro ya. Mi esposa ayuda en la casa y está esperando a que yo gane algo para de ahí comprar las cosas”, dice Diaden quien no puede ocultar su frustración y una hilera de lágrimas comienza a navegar desde sus pómulos hasta su bigote. 

Él hace análisis de sus finanzas y dice que podrá sobrevivir un mes con lo que le queda del programa federal. Las ganancias de febrero le permitieron pagar la mitad de su préstamo pero todavía debe seis mil pesos. No sabe cómo —comparte—, pero garantiza que pagará hasta el último centavo. Porque su palabra y sus valores son algo que se replica entre la gente de Peña Hermosa, donde, a diferencia de muchos otros lugares en Veracruz, desde hace ocho años no hay un homicidio doloso; por aquí no hay robos, ni extorsiones, ni secuestros. 

Diaden todavía tiene tres refrigeradores llenos con marisco. Ya se cansó de salir a “ranchear” —como él llama a ofrecer su producto en comunidades aledañas—, de visitar bodegas y mercados; en todos esos lugares quienes solían ser sus clientes hoy les dicen que no quieren marisco contaminado. 

“Toda la gente de aquí y de los pueblos, de donde quiera, compraba nuestro pescado pero hoy ya no se puede; no te lo compran porque dicen que está contaminado. Ni rematado quieren pescado, ahorita nos los estamos comiendo nosotros porque no hay para comprar comestible”, se lamenta. 

Ni Diaden Llano Matías, ni sus 15 compañeros de la cooperativa han sido censados por el gobierno federal como lo anunció la presidenta Claudia Sheinbaum. “Señora presidenta que nos vengan a censar porque hasta ahorita llevamos casi un mes y nadie había venido. Vienen los del municipio, los de Protección Civil, pero nunca nos arreglan nada.” 

El pescador, al igual que su amigo, el palapero Aurelio Vite, insiste en que el marisco no está contaminado porque los pescaron desde antes de que se contaminara el mar con chapopote. “No está contaminado, porque el pescado que no vendemos lo hemos estado comiendo y ya nos hubiéramos muerto”. 

Mientras el problema ambiental no sea resuelto por las autoridades, Diaden esperará a los pocos turistas que se convenzan de visitar Peña Hermosa. Si no es pescando se ilusiona con visitantes que renten su lancha para conocer los alrededores de la playa. 

“Le pido a Dios que se arregle este problema, que dios toque el corazón de aquellas personas que están allá arriba, los gobernantes, y nos ayuden. Esto no es natural, estas son cosas que lo hace el hombre; solamente dios sabe realmente quién fue, porque nunca dicen la verdad”, dice Diaden, convencido de que esta especie de maleficio no es un castigo divino; es culpa de personas que hasta ahora están impunes.

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