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Fátima Estefanía, mujer guerrera y madre de niña autista; la mataron en Veracruz

Fátima Estefanía Ortiz, fue asesinada al interior de su domicilio este 31 de enero en el fraccionamiento Hacienda Sotavento de Veracruz; fue su madre quien encontró el cuerpo, pues no llegó a desayunar como lo habían planeado

Fátima Estefanía, mujer guerrera y madre de niña autista; la mataron en Veracruz.Créditos: Mara López
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VERACRUZ, VER.- A Fátima Estefanía Ortiz siempre se le vió con mil bolsas encima: una en el hombro, una cruzada en la espalda y un par más en las manos. Siempre apurada para el trabajo, siempre sonriente con ese cabello ondulado y negro que la caracterizaba. Nadie recuerda a la mujer de 28 años malhumorada ni seria, mucho menos como una persona problemática. 

Fátima, la primera víctima de feminicidio en la ciudad de Veracruz durante 2026, se dedicaba de tiempo completo a su hija de 5 años con autismo: vendía zapatos por catálogo, hacía rifas, tandas y ocasionalmente trabajaba en el INE durante las campañas electorales.

También era niñera. En casa de Guadalupe, su madre, cuidaba de una niña que con el tiempo contribuyó al desarrollo verbal y social de Jaditsel, a quien ya comenzaba a planearle su graduación del kínder.

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Su sueño era llevar a su hija a African Safary”, rompe en llanto Guadalupe, afuera de la Funeraria Estrella donde velan a su única hija mujer. “No tenía problemas ella, no sé por qué se ensañaron de esa forma con mi hija, no se vale”, se lamenta bajo la lluvia.

Fue ella quien encontró el cuerpo de Fátima en la vivienda E del Bulevar Papaloapan del fraccionamiento Hacienda Sotavento, la calle frente a la terminal de autobuses Alcocer que por la noche se oscurece por la falta de alumbrado público, como todo el fraccionamiento.

A la 1:00 de la tarde del sábado 31 de enero había ido a buscarla porque no fue a desayunar y no respondía sus mensajes. Al subir al último condominio triplex, encontró la puerta abierta y el cuerpo de su hija en el suelo, con evidentes señales de violencia.

"Era muy hermosa, tenía su cuerpo delgadito, como el de una Barbie", recuerda. “Mi nieta es autista, no pensaron en la falta que le va a hacer su mamá, ella era una mamá azul. Ella trabajaba para darle lo mejor a su hija. Una madre responsable con los medicamentos, consultas, terapias en el CRIVER”.

“Si no entra mamá, no baila”

En la funeraria hay amigos, amigas, vecinas y familiares de Fátima, pero no está su hija. Para evitarle una crisis y un retroceso, provocada por el dolor y la desesperación que le causan los lugares cerrados, Guadalupe decidió dejarla al cuidado de unos tíos durante el velatorio.

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Jaditsel sólo los tiene a ellos y a Fátima, pues era madre soltera. Con sus emprendimientos y la Pensión Bienestar para Personas con Discapacidad, Fátima llevaba a su hija una vez a la semana a la ciudad de Xalapa para sus terapias en el CRIVER. En septiembre, Jaditsel será dada de alta por su ortopedista.

Me siento muy orgullosa de mi hija”, le decía recientemente Fátima a su madre. “A ella no la tumbaba nada, le decía: ‘eres una guerrera, mami, podemos con tu hija, vamos a avanzar’, pero yo no sé ahorita, el jueves mi nieta tiene terapia y si no entra mamá, no baila”, explica.  

Ella era muy alegre, era una persona que era muy raro que la vieras triste, muy raro que la vieras enojada”, recuerda Mariel, una de sus amigas del fraccionamiento. “¿Cómo puedes con tantas bolsas?”, le preguntaba siempre que la veía. “A mí la verdad (eso) de que los vecinos no escucharon nada, no es cierto. Todo el mundo siempre está pendiente de todos, esa privada es una privada con mucho movimiento”, insiste.

Según vecinas de Fátima, la violencia e inseguridad crecieron últimamente en el fraccionamiento. Las calles oscuras, dicen, propician la delincuencia. “Ahí siempre pasa algo y nadie ve nada. Hay mucha delincuencia, mucho malandro. El fraccionamiento es muy inseguro, no es como para vivir, y esa privada, esa privada está muy fea, pero es para lo que te alcanza”.

Guadalupe, de 48 años, desconoce quién o quiénes son los culpables del feminicidio de su hija. En su domicilio, hoy acordonado con cintas amarillas, encontró su cartera abierta y su vivienda desorganizada, alguien revisó y tiró sus cosas al piso. 

Lo único que pido es justicia para mi hija Fátima Estefanía Ortiz. Pido justicia, que no pase con otra mamá, que no dejen hijos huérfanos, que agarren a los culpables o al culpable. Dios me la dio y Dios me la tenía que quitar, pero así no. Levanto la voz para que no suceda con otras familias”, dice Guadalupe.

ys