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Alma perdió a su hijo y su vivienda en incendio de Veracruz; ahora habita una casa abandonada

A dos semanas del incendio, la madre y hermana de Alan habitan una vivienda ubicada al lado de su casa, sin autorización y que es muy poco frecuentada por los dueños

Alma perdió a su hijo y su vivienda en incendio de Veracruz; ahora habita una casa abandonada
Especiales LSR.Alma perdió a su hijo y su vivienda en incendio de Veracruz; ahora habita una casa abandonadaCréditos: Mara Lopez
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VERACRUZ, VER.- Tras cuatro horas de incendio, lo único que quedó en la vivienda de Alma fue el material didáctico escolar de su hija, Melissa, guardado en dos cajas color negras al fondo de su habitación. Todo lo demás: colchones, electrodomésticos, ropa, documentos personales se redujo a cenizas. En el siniestro también murió el hijo mayor de la familia, Alan, un adulto con síndrome de Williams y retraso mental severo

“Yo estaba dormida, me había desvelado haciendo los dulceros de mis compañeras de trabajo; ya no aguantaba el sueño… Tal vez si no me hubiera quedado dormida, no hubiera sido tan desastroso (el incendio), tal vez hubiera oído u olido algo”, se culpa todos los días Melissa, hija de Alma y hermana de Alan, desde el pasado miércoles 10 de diciembre.

A dos semanas del incendio, el olor a humo permanece en las paredes, en las rejas y en el frente de la vivienda color verde con blanco ubicada en el fraccionamiento Costa Dorada, en la zona norte de la ciudad de Veracruz, donde habitantes solo tienen acceso al agua potable de seis de la mañana a tres de la tarde por la falta de municipalización

Para combatir el incendio, Mario y otros vecinos tomaron agua de sus tinacos para enfrentarse al fuego que inició casi a las cuatro de la mañana, cuando la bomba de agua aún permanecía apagada en el fraccionamiento Costa Dorada. 

Tras agotar sus recursos y auxiliar a Melissa, quien tenía quemaduras de primer grado en ambas manos, ella y Alma esperaron cuatro horas hasta que llegó a apoyarlas bomberos del ayuntamiento de Veracruz.

“Trabajo atrás de Bomberos justamente —dice Melissa, quien es asistente de profesores en el jardín de niños Carolina Escalante Vera—. Media hora, media hora me hago en llegar para acá, no sé por qué ellos tardaron cuatro horas en llegar”, agrega. “Tal vez si no se hubieran tardado tanto, hubieran podido sacar a mi Alan”, señala Alma, maestra jubilada que no deja de llorar por su hijo finado. 

El Heroico Cuerpo de Bomberos del municipio de Veracruz necesitó tres pipas de agua para detener el incendio que comenzó en el cuarto de Alan y Alma alrededor de las 03:50 de la mañana, cuando dos veladoras con la imagen de San Judas Tadeo de la Tienda 3B explotaron e incendiaron los zapatos, la ropa y el ventilador. 

Una veladora

Desde el jueves 11 de diciembre, Melissa y su madre, ambas diabéticas, viven en la casa de al lado sin la autorización de los dueños, quienes visitan muy de vez en cuando la vivienda. “No se preocupe, vecina, si llegan a venir los dueños y las ven, todos vamos a explicarles lo que pasó”, le dijeron a Alma, maestra de preescolar jubilada, las personas que la conocen desde hace 18 años, cuando ella y sus hijos fueron la tercera familia en habitar la calle Hacienda La Soledad

Gracias a donaciones, ambas tienen una cama, comida no perecedera, una hielera, sillas de plástico y la silla de ruedas que necesita la maestra Alma, de 61 años, para transitar distancias largas. En la mesa de plástico color blanco pegada a la pared está el altar de Alan: flores, velas eléctricas y la foto de cuando cumplió 33 años, es como la familia honra al hombre que disfrutaba de las series de CSI: Miami, La Teoría del Big Bang y Tomás El Tren. 

Alma y Melissa no son las únicas sobrevivientes del incendio: también está Ibi, una gata de color negro que logró huir en medio de la oscuridad y el fuego. Onix y Sony, el perro y gato que siempre estaban junto a Alan, también murieron en el incendio.

Aquel miércoles Melissa se despertó por el olor a humo, se levantó, observó la oscuridad y cuando alumbró con su teléfono, la nube color gris y las llamas aparecieron desde abajo de las escaleras. “Mamá, ¡ve a abrir la puerta y grita! ¿Dónde está Alan? Voy a intentar sacarlo”, le dijo a Alma desde el segundo piso.

“Nada se veía, no pude ni siquiera tocarlo (...) Quise llegar a él pero no pude, no había silueta, no había nada, no pude ni tocarlo, pero sí escuché su voz bajita que decía: mamá ven, mamá ven… De ahí no se volvió a escuchar nada”.

Melissa se desmayó en dos ocasiones mientras esperaban a los bomberos. Alma, que no tiene fuerza en las piernas por la conortrosis bilateral que padece en ambas piernas, sufría un ataque de pánico por no poder sacar a Alan, un adulto de 1.65 centímetros de alto que no pudo salir de la vivienda.

Revictimización e irregularidades: en busca de un comienzo

Alma denuncia irregularidades por parte de las autoridades al momento de atender el incendio en su vivienda. Entre ellas, explica que policías ministeriales quisieron que firmara una hoja en banco para, según le dijeron, imprimir sobre ella su declaración sobre el incendio. 

“Fui a buscar a la alcaldesa (Patricia Lobeira) para que me diera la cara y una explicación de por qué los bomberos llegaron cuatro horas tarde, pero mandó a correrme”, señaló.

Además de esto, ambas se encuentran en proceso de mudanza a otra vivienda. “Cada vez que volteo y veo la casa, lo revivo, quiero dormir y no puedo, cierro los ojos y recuerdo las palabras de Alan y su cuerpo de cómo quedó tras el incendio”, explica Melissa.

“La doctora del IMSS nos comentó que por salud mental debemos cambiarnos, yo tengo depresión desde hace algunos años y siento que él ahorita me está llamando, pero le digo que no puedo, que tengo que cuidar a Melissa, y le digo: dame permiso, hijo, que tengo que cuidar a tu hermana…”.

ch