VERACRUZ, VER. - Rodeado de reconocimientos –la mayoría suyos y otros de algunos integrantes de Fuente de Vida– y acompañado de una cajetilla de cigarros Marlboro rojo, Hipólito Moreno Hernández, mejor conocido como Padrino Polo, explica que su abuso con el alcohol comenzó a los 14 años, cuando cursaba el segundo grado de secundaria.
Luego de 14 años de adicción, Polo decidió abrir su propio centro de rehabilitación, el cual llamó “Fuente de Vida”. Aunque al principio era un proyecto grupal de tres integrantes, “por cuestiones de la vida” el ahora padrino Polo se quedó al frente.
“9 años de tener el centro se dicen fácil, pero no lo es”, cuenta, como si regresara al 7 de junio del 2015 cuando fue inaugurado. Fuente de Vida, ubicado en el corazón de la colonia Lázaro Cárdenas II, lugar que lo vio crecer, representa la resiliencia de Polo, ya que:
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“Hace muchos años, en este terreno, yo me drogaba. Este era el punto”, dice mientras señala alrededor. Antes de ser un centro de rehabilitación mixto de 24 horas, el terreno donde ahora están los cuartos, los baños, el comedor colectivo y su oficina, era el lugar abandonado donde solía fumar marihuana, inhalar cocaína y beber alcohol.
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De acuerdo con el informe anual del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (SISVEA) 2023, en los Centros de Rehabilitación No Gubernamentales del estado de Veracruz –como Fuente de Vida– las principales drogas de inicio son el alcohol (con 68.0 por ciento), la marihuana (16.0 con por ciento) y el tabaco (con10.4 por ciento).
Para visibilizar el problema del alcoholismo, enfrentado por 400 millones de personas a nivel mundial; y donde Veracruz representa el segundo estado de México con mayores índices del alcohol como droga de inicio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) instauró el 15 de noviembre como el Día Mundial Sin Alcohol para fomentar la concientización y responsabilidad del consumo de dicha sustancia.
Por esto, el padrino Polo decidió contar su historia; una que inició a los 11 años con el consumo de alcohol y que continúa hasta ahora por sus esfuerzos en sacar a los veracruzanos de la desesperación, desilusión y dolor en los que él se encontró durante 14 años.
"Yo siempre supe que estaba mal": la adolescencia y juventud de Polo
Hipólito, a quien toda la vida llamaron “Polo”, es el mayor de tres hermanos y “el único que salió mal”. Un niño activo e inquieto lideró su alma, quien por curiosidad aceptó el Malboro rojo que su primo de 15 o 16 años, le ofreció por primera vez.
“Él tenía como cuatro años mayor que yo; adolescente, también inconsciente. No lo hizo con maldad, pero pues probé y desde entonces fumo”, cuenta, para después fumarse un cigarro motivado por la pena de ser entrevistado. Recuerda, también, que entonces no existía la restricción de ser mayor de edad para comprar cigarros, por lo que él mismo, desde los 11 hasta los 18 años, acudía a cualquier tienda para comprarlos y consumirlos.
Fue en segundo grado de secundaria cuando, cuenta, probó la marihuana por primera vez motivado por otro chico “desmadroso y rebelde”. “Llegó un chavo de otra escuela (que era) rebelde también, pero él ya fumaba marihuana y pues a mí se me hizo fácil, la verdad. Él me ofreció y se me hizo fácil probarlo”, recuerda.
Motivado por esta nueva experiencia, Polo y su amigo solían ir detrás de los salones y a los baños de la escuela para fumar cigarro y marihuana. A pesar de que el aroma de estas sustancias es particular y penetrante, en el caso del cigarro, Polo no recuerda que algún maestro los haya descubierto.
"Yo no le echo la culpa a la escuela, pero sí, hoy yo sé (desde) que estoy acá, que los jóvenes se están destruyendo desde la secundaria, la gran mayoría nos destruimos desde la secundaria, desde ahí viene el punto, ¿no?".
“La verdad (es) que antes de drogarme o antes de consumir drogas y alcohol había mucha rebeldía en mi vida, pero no porque mis padres hayan sido malos (sino) porque..., no sé natural; adolescente pues, era yo muy rebelde”.
Polo, de carácter fuerte a los 14 años y con un problema –que ahora reconoce– con la autoridad, solía retar a maestros y a sus padres, quienes, a pesar de ser originarios de Barradas, una localidad cercana a Soledad de Doblado y de ser “duros”, no se dieron cuenta que se drogaba.
Un año después, a los 15, entró la tercera sustancia en su vida: el alcohol. “Ya nos íbamos de pinta más seguido (...) comprábamos botellas de Charanda y de Richardson, de esas baratas que costaban 17 pesos. Ahí comenzó mi problema con el alcohol, ya no era de vez en cuando, sino todos los días”, explica.
Y sin saber bien cómo, “terminé la secundaria con un problema de adicción”, su último nivel de escolaridad. Del bachillerato solo completó un semestre, ya que fue expulsado por reprobar 7 materias debido a su consumo de sustancias.
Según datos del Observatorio Mexicano de la Salud Mental y Consumo de Drogas del 2016, en el estado de Veracruz el consumo excesivo de alcohol en estudiantes de secundaria y bachillerato está en 15.2 y 33.5 por ciento, respectivamente.
Tras eso, Polo incrementó su consumo de alcohol y marihuana, incentivado por conocidos de su colonia, por compañeros de los trabajos que tuvo y por la cantidad de dinero que ganaba.
Tocar fondo: "vivir con un adicto es bien difícil"
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conasama), hasta el 2018, “en México 4 de cada 10 menores de edad han consumido alcohol alguna vez en su vida”.
El consumo de alcohol, explica, es un problema de salud pública de gran importancia debido a los efectos provocados en la salud, en la familia, en la escuela y en el desarrollo, así como en las consecuencias económicas y sociales que provoca, las cuales enfrentó Polo al perder la confianza de su familia y el amor de quien, considera, fue el amor de su vida: la madre de su hijo Josmar, de ahora 22 años, con quien mantiene una excelente relación.
“Cuando tenía yo 17 años me enamoré de una muchacha bien, de casa. La verdad me costó mucho trabajo que fuera mi novia, pero lo logré", dice con una sonrisa. Sin embargo, al recordar el daño emocional, psicológico, económico e incluso físico que le causó, esta se le desvanece.
Además de los daños a la salud como la dependencia, la adicción, la posibilidad del desarrollo de tipos de cáncer, del daño cerebral y de 200 afecciones más como enfermedades no transmisibles, trastornos mentales, las lesiones, el VIH, se incluye a la violencia doméstica, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Con la mirada cabizbaja, Polo explica que debido a estos maltratos que ejerció, su hijo pesó un kilo 200 gramos cuando nació; y con vergüenza y culpa, explica que a los dos años se fue a Estados Unidos para deshacerse de esa responsabilidad.
“Del otro lado” solo y adicto, probó la cocaína, también conocida en México como “piedra”, sustancia que representa el 2 por ciento en las sustancias de impacto –aquellas que hacen llevan al consumidor a centros de rehabilitación– según el SISVEA.
“Pero dije ‘aquí me voy a morir’ y me regresé, aunque peor y con las manos vacías porque no hice nada. Ir a Estados Unidos es ir con los pies bien puestos en la tierra porque no es fácil”, explica.
En Veracruz, explica que sus lugares favoritos eran los bares. “Me gustaba su olor, aunque parezca bien loco”, expresa con ojos incrédulos. El olor a cigarro, a perfume de mujer, al clima y la música de salsa que solía amenizarlos, lo cautivaban.
La última dosis: el camino a la resiliencia
Tras mantenerse 16 años sobrio y presentarse a sí mismo como un hombre que fue alcohólico y adicto a la piedra, la cual, le llevó a perder “lo poquito” que le quedaba, aún recuerda cómo fue el último día que se drogó.
“Recuerdo que un muchacho y yo nos juntábamos con una bolita de personas drogadictas y alcohólicas aquí en la esquina, pero ellos tenían esa idea de ‘no, yo me voy a mi casa porque tengo que irme a trabajar’ o de ‘pues yo también me voy porque me está esperando mi familia’ y yo ya no quería nada, ni a mi esposa o mi hijo, nada. Yo lo que quería (era) drogarme”.
Mientras esperaba en la esquina a que alguien pasara en plena madrugada para “sacar algo” y comprarse una dosis, se topó a Denis, un conocido de la infancia que también era adicto, aunque ya en recuperación.
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“Venía saliendo de una maratónica, que es la celebración de aniversario de un centro de rehabilitación”, quien se sentó a su lado y le dijo “Polo, estás mal, cambia. Yo ya no tomo, ya llevo dos años sobrio, ven, te invito (a mi centro de rehabilitación)”. Al mostrar negativa, Denis le dijo que al día siguiente pasaría por él a las seis de la tarde, dicho que cumplió.
“Yo ese día vi en el rostro de mi mamá alegría, como de esperanza, se llenó su cara de gusto”, recuerda con melancolía. Sin embargo, al ir pensó “esto no es lo mío, yo no soy adicto”. Dos días después, a las 4 de la mañana del 28 de octubre del 2008, personas del centro de rehabilitación Sauce de Playa Linda fueron a Barradas por él para anexarlo.
En ese momento manejaba una ruta de camión, la cual dejó abandonada en algún punto de Veracruz para ir al pueblo de sus papás y embriagarse a base de caña con un primo. “Me llevaron en contra de mi voluntad, yo no quería pedir ayuda (...) pero ese día nací y no volví a tomar ni a drogarme”, expresa orgulloso.
Tras quedarse tres meses en el centro a cargo del padrino Magdaleno, comenzó el proceso de recuperación del padrino Polo, a quien le tomó años aceptar que sí tenía un problema de adicción con el alcohol y la piedra.
Al cumplir 7 años y estar totalmente involucrado en los servicios que realizaba ya fuera del centro, como lo era contar su historia en ese y otros lugares, Magdaleno le recomendó abrir su propio centro, consejo que tomó e hizo realidad.
"Esto es mi vida”: Centro de rehabilitación Fuente de Vida
“Estoy encantado, amo mi grupo, amo el grupo en donde estuve anexado, amo ayudar a mis compañeros, es mi vida. Esto es mi vida. Yo no veo mi vida ya sin esto. Ya no puedo vivir sin mi gente, porque antes perdí a mi familia, mi dignidad y mi todo”, explica el padrino Polo.
“La mamá de mi hijo se fue y me abandonó, se llevó a mi hijo y me costó mucho trabajo recuperarlo porque me decía ‘eres drogadicto, nunca vas a cambiar’ y yo le decía ‘sí, sí lo fui, pero ya no lo soy’ (...) Mi hijo Josmar tiene 22 años y estamos muy unidos, lo amo. Incluso viene a verme al centro. Él es todo lo contrario a mí y eso me enorgullece. No quiere decir que sea así por mí, si no por su mamá que fue excelente”.
“Él me dice que vio mi drogadicción y que nunca hará lo mismo, cosa que me enorgullece porque las drogas te destruyen la vida”, cuenta Polo.
De acuerdo con el SISVEA, las drogas de impacto en la entidad veracruzana son el cristal con 56.5 por ciento, sustancia que llevó a la mayoría de las 50 personas que permanecen en Fuente de Vida; el alcohol con 15.2 por ciento y la marihuana, con 9.3 por ciento.
Para él, las personas que están “internadas” en Fuente de Vida son porque perdieron la capacidad de decisión para evitar drogarse, por lo que los familiares de estos firman una responsiva para que, personas como Polo, los lleven en contra de su voluntad a centros de rehabilitación para ayudarlos a superar su adicción a cualquier tipo de sustancia.
mb
