La salida de Humberto Alonso Morelli del Partido Acción Nacional no es un hecho menor ni una anécdota política más en el Veracruz de hoy, es en realidad, el síntoma más claro de una descomposición interna que el panismo ha preferido ignorar mientras sus números se desmoronan elección tras elección.
Morelli no fue un alcalde cualquiera. Fue, hasta ahora, el último candidato panista que arrasó en Boca del Río con casi el 70% de los votos y una ventaja superior a los 30 mil sufragios sobre su contrincante. Un dominio contundente, inapelable, que colocó al municipio como el bastión azul más sólido del estado.
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La siguiente administración apenas alcanzó el 56%, reduciendo la diferencia a menos de 20 mil votos y la actual alcaldesa, Maryjose Gamboa, prácticamente ganó de milagro con un 48% que apenas le dio un margen de 6 puntos sobre su oponente, con esto podemos ver que la tendencia es clara, preocupante y, para muchos dentro del PAN, innegable, el bastión se resquebraja.
No deja de ser paradójico que quien encabezó el punto más alto del panismo en Boca del Río sea hoy quien decide dar un paso al costado, pero tampoco es casualidad. Morelli fue un alcalde que no solo ganó elecciones, sino que gobernó con resultados medibles y reconocidos. Durante su gestión, Boca del Río obtuvo la certificación ISO 18091:2019, otorgada por el World Council for Quality, convirtiéndose en el primer municipio del mundo en alinearse con esta actualización enfocada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.
A ello se suman el Premio a las Mejores Prácticas de Gobiernos Locales en las categorías de Sostenibilidad (2019) y Calidad Crediticia (2021), otorgado por la revista Alcaldes de México, así como el Galardón Francisco Villarreal de la ANAC por implementar una agenda humanista y sostenible. No son logros menores; son, en todo caso, la evidencia de un modelo de gestión que contrastó con lo que vino después.
Entonces, ¿por qué se va Morelli? La respuesta, aunque incómoda, flota en el ambiente político, malas prácticas, decisiones cupulares y un partido que dejó de escuchar a sus cuadros para someterse a la lógica del “dedazo”. Las paredes hablan, dicen algunos, y señalan que la designación de Maryjose Gamboa no fue precisamente un ejercicio democrático interno, sino una imposición desde la dirigencia nacional.
Hoy, el PAN en Veracruz enfrenta una realidad que durante años negó, está a punto de perder su último bastión y lo más irónico es que podría hacerlo frente a uno de sus propios exmilitantes, porque si algo comienza a tomar forma en el escenario político es la posibilidad de ver a Humberto Alonso Morelli compitiendo bajo otros colores, esos que ya muchos identifican como “fosfo, fosfo”.
De concretarse este escenario, la elección en Boca del Río no solo sería competitiva, sería un referéndum sobre el rumbo del panismo veracruzano. ¿Se castigará la cerrazón, las decisiones verticales y la pérdida de identidad? ¿O logrará el PAN resistir el embate de sus propias fracturas?
Lo cierto es que la salida de Morelli no es el problema, es la consecuencia y cuando los partidos comienzan a perder a sus perfiles más competitivos, no solo pierden cuadros, pierden rumbo.
Haciendo zoom… Boca del Río, ese bastión que parecía inexpugnable, hoy está en la antesala de una batalla que podría redefinir el mapa político del estado y esta vez, el adversario más peligroso del PAN no está enfrente, está en su pasado.
fm
