León.- El calorcito en León estaba sabroso y la tarde en la Feria de Verano transcurría tranquila entre el olor a pan de feria, los gritos en los juegos mecánicos y las familias paseando tranquilamente. Pero como el clima no tiene palabra, eso de las 5:30 de la tarde todo se complicó en un abrir y cerrar de ojos. El cielo se puso gris casi sin avisar, soltó un ventarrón helado y, de la nada, comenzó a caer un aguacero de esos que no dan tiempo ni de reaccionar.
A más de uno le tocó el bañazo en el peor momento posible. Imagínate estar hasta arriba de un juego mecánico con el viento en la cara y que de repente te caiga encima un balde de agua fría; a los que estaban arriba no les quedó de otra que aguantar el jalón chorreando agua. Abajo la cosa no fue muy diferente: la gente corrió en estampida a meterse a donde hubiera techo, apretujándose bajo la lámina de los puestos o corriendo hacia los pabellones mientras las sombrillas se volteaban por las ráfagas de aire.
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Fueron solo 20 minutos de lluvia, pero bastaron y sobraron para mojar todo a su paso. Afuera, el bulevar Adolfo López Mateos se llenó de agua rapidísimo. Los peatones que andaban caminando tan a gusto se quedaron completamente empapados y tuvieron que brincar charcos gigantescos para cruzar la calle, porque el agua subió de nivel en un parpadeo.
Y así como llegó, la tormenta se fue. Apenas dejó de llover, el solazo volvió a salir como si nada hubiera pasado. La gente nomás se sacudió el agua entre risas, se exprimió un poco las prendas y, con los tenis bien mojados pero el ánimo intacto, siguió disfrutando de la feria.
