León, Guanajuato.-De lo que alguna vez fue un próspero punto de encuentro para el comercio local, hoy sólo queda un esqueleto de concreto sobre el que los peatones arrojan la lata de su bebida, la colilla de su cigarro, el escombro del que no saben cómo deshacerse, las llantas que ya no les sirven y el perro que el camión atropelló. Reflejando el olvido absoluto en el que ha caído la Plaza San Miguel, tras años de abandono.
La escena que destaca de los alrededores de esta vieja plaza se encuentra en los locales exteriores ubicados en la calle San Marcial, que se han transformado en vertederos clandestinos, donde la acumulación de basura se ha vuelto una costumbre comunitaria, pero además de la basura, el lugar desprende un fuerte olor a orines debido a que es utilizado habitualmente como baño público por personas en situación de calle o transeúntes en estado de ebriedad. El escenario es desolador: llantas viejas apiladas en las banquetas, maleza que brota entre las grietas y lo más grave, la presencia de animales muertos en avanzado estado de descomposición. Esta mezcla de residuos ha generado un foco de infección permanente que emite olores nauseabundos, provocando que cualquiera que transite por la zona se cubra la nariz y la boca, mientras mira con desagrado el horrible paisaje.
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A pesar de que se han realizado jornadas de limpieza en diversas ocasiones, el esfuerzo resulta inútil; la zona no dura mucho tiempo despejada, pues lamentablemente es la misma ciudadanía quien, de manera irresponsable, vuelve a llenar los espacios vacíos con desperdicios.
Vecinos y comerciantes de los negocios aledaños, son los más afectados, pues son quienes cada día tienen que pasar por el lugar, de regreso a casa o para ir a trabajar, todos los días con una imagen decadente ante su mirada, realizando su vida frente a un ambiente hostil difícil de ignorar.
El mal estado de ese sitio es lo primero que resalta de la calle San Marcial, influyendo notablemente en la fachada de las viviendas y locales cercanos.
Las autoridades podrían intervenir y limpiar la zona una vez más, pero mientras no se genere conciencia entre los vecinos, el ciclo está condenado a repetirse.
