Guanajuato-. Los nopales o del género opuntia forman parte del paraje montañoso que se alza sobre la ciudad de Guanajuato, son parte de la identidad natural, crecen en los montes, en la tierra seca, pero uno de su especie se adaptó y se desarrolló sobre la dureza de una lámina en una parada de autobuses.
A la entrada de la ciudad colonial de Guanajuato, en la avenida Miguel Hidalgo y sobre la lámina que da sombra a quienes esperan el camión para tomar cada uno de sus destinos, creció un nopal ¿Quién sabe cómo llegó allí? ¿Llegó con el viento? ¿Llegó la semilla entre las heces fecales de un pájaro que comió tunas en el monte? O ¿Alguien aventó allí la tuna o la peca? Y así diferentes hipótesis de cómo llegó allí.
Solo hay una certeza: creció como una penca hasta que con el tiempo y el olvido de la limpieza del personal de aseo público: le permitieron las condiciones necesarias para que allí desarrollara su tronco y pencas espinosas.
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El nopal, así como forma parte de la identidad natural de México y Guanajuato, del pasado antiguo de Mesoamérica, ya forma parte del paisaje urbano de una ciudad que todavía mantiene su esencia antigua y natural.
¿Cómo creció allí? De acuerdo a un investigador y experto en el género de las cactáceas explicó que con el tiempo y con el viento, la tierra y la materia orgánica, se acumularon allí y se generaron las condiciones necesarias para que el nopal pudiera desarrollarse sobre la lámina, otra hipótesis es que las aves comen tunas de los nopales en los cerros y defecan en donde haya suelo, y desde entonces el nopal crece solitario y fuerte entre el concreto, en una parada de camión, frente al Hotel Real de Minas, como un recuerdo, como un anuncio de que la naturaleza siempre está allí aún a costa de la especie humana.
“El nopal, presente en gran parte del territorio mexicano, ha acompañado a los pueblos mesoamericanos desde tiempos antiguos como alimento, medicina y recurso para la vida cotidiana. Sus pencas y frutos, las tunas, han sido parte esencial de la dieta tradicional, mientras que sus propiedades curativas fueron aprovechadas en rituales y prácticas médicas prehispánicas” explica el Instituto Nacional de Antropología e Historia
Pero su relevancia va más allá de lo material: en la cosmovisión mexica, el nopal ocupa un lugar central en la escena fundacional de México-Tenochtitlan, donde el águila posada sobre él marcó el sitio elegido por Huitzilopochtli para erigir la gran ciudad. Este poderoso símbolo perdura hasta hoy en el escudo nacional, recordándonos la profunda conexión entre naturaleza, historia e identidad.
