ELECCIONES

El anhelo intervencionista y obcecado por la supremacía extranjera

¿Qué voces aluden las 20 reformas propuestas por el presidente como un regreso a la constitución de 1857? | Ismael Jiménez

Escrito en OPINIÓN el

Quizás no le suenen los nombres de José María Gutiérrez de Estrada, Antonio Escandón, José Hidalgo, Joaquín González de León, Francisco Javier Miranda y Ángel Iglesias. Para quienes no los conocen, estos personajes formaron parte de la comitiva que viajo a Francia para implorar por un emperador y derrocar el gobierno republicano encabezado por Juárez en 1863.

Por supuesto que este pasaje viene a colación por la visita de la candidata del frente opositor que viajó a los Estados Unidos con una comitiva de personajes, para solicitar “vigilancia” (intervención) en el proceso electoral del próximo 2 de junio en México, esto a cambio, en caso de resultar favorecida en la elección, de devolver y otorgar sin restricciones el acceso al capital extranjero al sector energético y a toda industria que contribuya o no con la famosa transición sustentable.

Todo bajo la bandera, dijo Xóchitl Gálvez, de “defender la democracia” y por supuesto, preservar los privilegios de un grupo de oligarcas en México.

En la comitiva mexicana que recibió el emperador Napoleón III en el palacio de las Tullerías en Francia, también figuraban personajes como Miguel Miramón, Mariano Salas y Juan Nepomuceno Almonte, estos tres, más conocidos que los anteriores, pero en quienes junto con José María Gutiérrez de Estrada, recayó la encomienda primero, de conservar los privilegios del grupo de oligarcas de entonces y segundo, convencer al imperio francés de la necesidad de implantar un emperador en México que garantizará además de los privilegios de los extranjeros, el sublime sometimiento a un imperio extranjero que trajera “progreso” a tierras mexicanas.

La corriente conservadora, no es una ideología política o un dogma en sí, en realidad es una manifestación férrea que se hace visible cuando ve amenazados sus intereses particulares, y cuando esto sucede, entonces, ese “grupo privilegiado”, se organiza, se monta y utiliza los medios sociales a su alcance ya sean políticos, religiosos, dogmáticos e ideológicos para preservar sus cotos de poder y defender incluso con las armas, la bandera de sus privilegios encubiertos bajo consignas de libertad y democracia civil.

Con la comitiva que visitó Francia en 1863 viajó bajo la consigna de libertad y derecho divino, Monseñor Pelagio Antonio Labastida y Dávalos, su objetivo entre otras cosas, solicitar apoyo del emperador francés para que intercediera ante el Papa para desconocer las Leyes de Reforma que abolían los derechos de la iglesia en México. Ahora se aboga por un sector energético sin restricciones de ningún tipo.

Para la comitiva que viajo a Francia, esto fue una acción desesperada por abolir las Leyes de Reforma vigentes desde 1857 luego de que en 1858 los conservadores promovieran la rebelión armada provocando la llamada “guerra de Reforma” que fracasó y dejó alrededor de 200 mil muertos. A la derrota en el congreso y posterior guerra de reforma que culminó en 1861, los conservadores no cesaron en su en su cometido y buscaron solución en el extranjero de la mano del imperio francés.

Como hoy, la suprema corte de justicia también estaba entre el grupo de oligarcas desposeídos por las Leyes de Reforma, así como el poder eclesiástico, el económico, los terratenientes y concesionarios favorecidos durante la colonia que seguían favorecidos por el sistema oligárquico de poder.

La confrontación contra el conservadurismo, no es una contienda contra los valores sociales, morales o civiles, es contra el grupo que se envuelve en dichos principios para preservar sus privilegios, económicos y de poder y que, a su vez, se entiende, se retroalimenta en ellos.

Los conservadores ven en el extranjero una opción para defender sus “derechos y privilegios” ante lo que ellos consideran, la falta de capacidad del pueblo mexicano para autoregirse, autoregularse y autogobernarse, pues estos principios de soberanía, parcialmente aceptados por las oligarquías, pierden sus efectos cuando dichos fundamentos son promulgados y propagados por “El Pueblo” que es la base de las democracias.

Como hoy, a los legisladores de la Constitución de 1857 los tacharon de ignorantes, denigraron su calidad moral y su capacidad intelectual, pues en el pensamiento conservador no cabe, ni existe la posibilidad de que un ciudadano emergido desde los más profundos estratos sociales, tenga la capacidad, ni la altura moral para dirigir los destinos del país, a menos claro está, que éste, se entregue a la doctrina conservadora y se preste a servir y defender los privilegios de la oligarquía como sucedió con Porfirio Díaz.

Por ello tal vez, algunas voces aluden las 20 reformas propuestas por el presidente como un regreso a la constitución de 1857 y tal vez también, como un deja vu de Gálvez y compañía, ante el anhelo de la intervención superior e iluminada del extranjero para traer “paz y progreso” a este país.

 

Ismael Jiménez

@ijm14