DESAPARICIÓN FORZADA

Lagos de Moreno no puede quedar en el olvido

No dejemos que las tragedias sigan cayendo en el olvido. | Agustín Castilla

Escrito en OPINIÓN el

Han pasado más de 10 días desde que se reportó la desaparición de cinco jóvenes de entre 19 y 22 años en Lagos de Moreno, Jalisco, y de que se difundiera un video en el que según las descripciones del mismo -decidí no verlo por el nivel de brutalidad- primero aparecen amarrados y visiblemente golpeados para después obligarlos a matarse a golpes entre ellos. De acuerdo con versiones de sus familiares, estos jóvenes eran amigos desde la infancia y quedaron de verse para ir a la feria anual de la ciudad, pero no volvieron a saber de ellos y hasta el momento siguen sin ser localizados, pues los restos que se encontraron tanto en el vehículo en que supuestamente viajaban como en un predio que según las autoridades podría ser donde se grabó el video, al parecer no son de Diego, Roberto, Uriel, Jaime y Dante por lo que habrá que preguntarse a quien corresponden.

Lamentablemente este caso no es una excepción. Apenas hace poco más de tres semanas desaparecieron tres mujeres en el municipio de Encarnación que está a 45 km de Lagos de Moreno cuando viajaban en su coche, y al día siguiente levantaron de su casa a la hermana mayor de dos de ellas sin que a la fecha se tenga noticias sobre su paradero, pero tampoco se trata de algo exclusivo de esa región. A inicios del año masacraron a ocho personas en bares de Poza Rica, Veracruz, y las historias de terror también son frecuentes en amplias zonas de Zacatecas, Guerrero o Michoacán que se han vuelto intransitables, sus habitantes están a merced del crimen organizado y en no pocas ocasiones de plano se ven obligados a abandonar sus casas.

Las historias de las pequeñas Katia y Mariely de cinco y seis años son igualmente dramáticas. El 18 de agosto por la mañana Katia acompañó a su mamá al mercado en el municipio de Chalco, cuando en medio de una balacera en la que ejecutaron a dos personas recibió un disparo en la cabeza. La llevaron al Hospital General en el que al parecer estuvo varias horas sin ser atendida por lo que la tuvieron que trasladar a otros dos hospitales hasta que falleció. En hechos similares, Mariely Daniela también murió en una colonia en Monterrey donde recién se había mudado con su mamá, por el impacto en la cabeza de una bala perdida en una persecución entre delincuentes.

Al igual que Katia, Mariely no recibió la atención médica necesaria por lo que de una clínica particular la tuvieron que llevar al Hospital Materno Infantil y después al Hospital Universitario donde no pudieron salvarle la vida. Esto confirma que, además de la violencia que se puede presentar en cualquier lugar y momento, la mayoría de la población se enfrenta a la precarización de los servicios de salud como se reveló recientemente en el último informe de CONEVAL.

Sin embargo, conforme pasa el tiempo se va diluyendo la indignación y otros temas ocupan nuestra atención. Aunque como es natural, seguimos con nuestras actividades cotidianas pues no es fácil vivir permanentemente en medio de la tragedia, la consecuencia es que se va dejando a las víctimas y sus familias a su suerte contribuyendo con ello a normalizar la violencia que sigue escalando sin que se haga nada al respecto en esta lógica en la que se ha instalado el gobierno de “dejar hacer, dejar pasar”, voltear la mirada a otro lado y apostar a la corta memoria de la sociedad.

Lo que está sucediendo en México es gravísimo y va mucho más allá de las legítimas simpatías o de las animadversiones políticas, la responsabilidad de las autoridades federales y locales es evidente sin importar su color, y es indispensable que nos unamos como sociedad para exigir justicia y no permitir que los asesinatos y desapariciones queden impunes, para solidarizarnos y acompañar a las decenas de miles de familias que son víctimas de la violencia, del enorme poder de la delincuencia organizada así como de la negligencia y muchas veces complicidad de las autoridades, para hacer que se escuche nuestra voz y que de una vez por todas se deje claro a la clase política que sus proyectos, aspiraciones e intereses no pueden seguir estando por encima de la vida, de la seguridad, de la tranquilidad de las personas. No dejemos que Lagos de Moreno, como tantas otras dolorosas historias, caiga en el olvido.