VERACRUZ, VER.- Hacía una hora que Viridiana se había conectado a su máquina de diálisis, el pasado viernes 29 de mayo, cuando se fue la luz en el circuito Italia, uno de los últimos construidos del fraccionamiento Lagos de Puente Moreno, en Medellín de Bravo. Tan solo durante mayo, los vecinos contabilizaron más de diez cortes de energía. Fue la primera vez que le ocurría a Viridiana durante el tratamiento en los diez meses que llevaba como paciente renal, pero desde el inició temió que sucediera.
En la mañana de ese viernes, un apagón de tres horas echó a perder una caja de inyecciones de eritropoyetina, medicamento de hormonas que le ayuda a mantener niveles adecuados de glóbulos rojos y mejorar su calidad de vida. El tratamiento tiene un costo aproximado de 2 mil 500 pesos por semana.
El segundo apagón del día, ocurrió cuando apenas iniciaba una sesión de nueve horas de diálisis. La madre de dos hijos tuvo que levantarse de la cama y desconectarse entre la oscuridad. Desde las 11 de la noche hasta las 7 de la mañana, alrededor de 2 mil habitantes del circuito permanecieron sin electricidad, una situación que, denuncian vecinos, se agrava conforme crece el número de viviendas en la zona.
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Aquella fue una de las peores noches para Viridiana. Al no completar su tratamiento, comenzó a retener líquidos. Sus manos y pies se inflamaron, presentó vómito, dolor de cabeza y fatiga. Hasta la mañana siguiente, ella y su esposo pudieron trasladarse a la clínica del IMSS que les corresponde para recibir atención médica.
La tarde del sábado 30 de mayo, el fraccionamiento sufrió dos nuevos cortes eléctricos y, para la noche del domingo, el viacrucis volvió a repetirse.
Las fallas en el suministro eléctrico son la principal preocupación para Viridiana, cuya vida depende de una máquina de diálisis. Sin embargo, no es la única afectada.
Imposible dormir con sensación térmica de más de 30°C, sin ventilador ni clima
José Alberto, vecino del fraccionamiento y padre de familia, enfrenta otra consecuencia de los constantes apagones: su hijo de cinco años llega cansado a la escuela porque durante las noches sin luz resulta casi imposible dormir.
Un abanico y un ventilador recargable, cuya batería dura apenas tres horas, son insuficientes frente a los 31 grados que suelen registrarse en Medellín de Bravo. El calor se intensifica dentro de los circuitos de Lagos de Puente Moreno, donde cada conjunto alberga entre 200 y 300 departamentos séxtuples, explicó Adán Hilario, jefe de manzana del circuito Italia.
Para evitar perder alimentos y medicamentos, algunos vecinos han tenido que comprar plantas de luz o recurrir a hieleras y bolsas de hielo. Otros, sin posibilidad de costear medidas de emergencia, padecen las consecuencias de vivir en un fraccionamiento que consideran olvidado tanto por las autoridades municipales como por la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Según Hilario, los bajones de energía comenzaron a hacerse recurrentes tras la construcción de los circuitos Inglaterra Norte, Holanda, Holanda Norte e Irlanda Sur, entre 2024 y 2025.
No obstante, asegura que las obras de urbanización de la avenida Asia y Calzada del Sol, iniciadas este 2026 alrededor del circuito Italia, incrementaron todavía más el problema. Durante mayo, los bajones de voltaje llegaron a registrarse dos veces por semana y los apagones completos entre cuatro y cinco ocasiones.
Los bajones duran apenas unos segundos, pero han sido suficientes para dañar electrodomésticos y equipos de aire acondicionado. Los apagones, en cambio, han pasado de durar algunos minutos a extenderse durante cuatro horas o incluso toda la noche.
“Nos dijeron que nos iban a construir una subestación, pero nada ha pasado”, reclaman vecinos, quienes aseguran que la promesa suele reaparecer en tiempos electorales para después quedar en el olvido.
"Nos dicen que ya no es asunto del municipio, que es un tema nacional o de la CFE, pero es muy frustrante porque nosotros cumplimos con pagar nuestros recibos y aun así sufrimos las consecuencias", señalan.
José Alberto considera que el crecimiento acelerado del fraccionamiento podría estar relacionado con las fallas.
“Al construir más viviendas, nos preguntamos de dónde sale la energía para abastecerlas. Si la infraestructura fue diseñada para cierta capacidad y se le agrega más carga, es lógico que termine afectando a quienes ya vivimos aquí”, comenta.
Para Gustavo Mendoza Barrón, presidente del Colegio de Ingenieros Mecánicos, Electricistas, Electrónicos y ramas afines (CIME) Veracruz, antes de señalar responsables, es necesario realizar un análisis técnico que involucre a vecinos, autoridades municipales, la CFE e incluso a la desarrolladora inmobiliaria.
El especialista explica que el crecimiento urbano puede incrementar significativamente el consumo energético debido al uso de más aires acondicionados, equipos de refrigeración y otros aparatos eléctricos.
“Habría que analizar el crecimiento de la construcción junto con la Comisión. Los hogares pueden incrementar su demanda de energía y, si esas cargas no fueron consideradas originalmente, podrían generarse problemas en la red”, puntualiza.
Entre las posibles causas también figuran una eventual sobrecarga en transformadores, conexiones irregulares o deficiencias en la infraestructura eléctrica instalada para abastecer a una zona que continúa expandiéndose.
“Ahorita no podemos hacer un señalamiento. Lo que se necesita es un análisis que permita detectar dónde está el problema, quién tiene la responsabilidad y cuál sería la solución”, agrega.
Mientras tanto, Viridiana seguirá conectándose cada noche a su máquina de diálisis con el temor de que vuelva a irse la luz antes de concluir su tratamiento. José Alberto, por su parte, continuará dejando a su hijo en casa después de las noches de apagón para que pueda recuperar las horas de sueño perdidas.
lm
