VERACRUZ, VER.- Por meses, y hasta que Mercedes -la mujer que lo acogió como su hijo- intervino, Luis sonrió con la boca cerrada, alzando las cejas y frunciendo los labios para ocultar sus dientes rotos y descuidados. Sus fotos selfie que publicaba en Facebook, tomadas en la Plaza de la Tecnología entre fundas y micas para teléfono, no dejan entrever ni una sola vez una sonrisa completa.
Pero eso fue antes, cuando no había sido atendido por un dentista tras encontrar un hogar con Mercedes y sus hijos, quienes, aseguran, desde agosto de 2025 lo trataron como un hijo y hermano más del que querían cuidar.
Fue el incendio de su vivienda en Bosques de Tarimoya lo que lo cambió todo. Lo que terminó con la vida, futuro y estabilidad que, poco a poco, habían comenzado a construir alrededor del adolescente de 14 años de tez morena clara y cabello oscuro. Así quedó grabado en un vídeo del incidente:
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“Loco, ese era mi vale… toda su vida ese chamaco sufrió, perro, y ya la estaba viviendo… ¡Apúrense! ¡Se quemó!”, gritó con desesperación uno de los tres jóvenes que, junto a Luis, dormían como hermanos en el domicilio incendiado la madrugada del domingo 3 de mayo.
Lágrimas, desesperación y confusión enfrentaron la familia adoptiva de Luis y amigos cercanos cuando afirmaron que, a pesar de que el joven estaba en la sala y sin seguro en la puerta, no pudo huir del incendio. “Ellos le dijeron de dormir juntos pero no quiso, se aislaba mucho”.
Fue entonces que, al notar las llamas, los demás bajaron. “Abrieron la ventana, tomaron aire, tomaron unos peluches y bajaron, y dicen que fue cuando vieron que Luis cayó y ya estaba todo quemado. Mi hijo lo quiso jalar, pero no pudo, no pudo…”, narra Mercedes, atormentada porque, ese domingo, celebraba su cumpleaños en la ciudad de Veracruz.
“Hay que rescatarte de donde estás”
Luis Carmona es descrito como un adolescente "tremendo", tranquilo, triste y trabajador, con años de experiencia como vendedor de fundas para teléfono en la Plaza de la Tecnología, donde la hija de Mercedes lo conoció.
“Aquí puedes estar, quédate conmigo. La vida va lenta, vas a estudiar, vamos a ir a ver lo de la escuela, vas a entrar junto a mis hijos”, le dijo Mercedes en alguna ocasión. “Hay que rescatarte de donde estás”, insistió cuando Luis le contó que su padre y hermanos no velaban por su bienestar, era golpeado y lo habían echado a la calle.
“Siempre decía que nadie lo quería”, recuerda. “Él estaba feliz conmigo, pero tenía mucha depresión. Era un bebé feliz conmigo porque me daba una sonrisa, pero por dentro estaba apagado”.
Tras el incendio en el que perdió la vida, y del que aún se desconocen las causas, la Fiscalía General del Estado (FGE) de Veracruz abrió una carpeta de investigación.
En días recientes, recuerda Mercedes, Luis estaba melancólico y triste, pues añoraba ver a su madre fallecida para el Día del Niño y la Niña el jueves 30 de abril. Sin embargo, su consumo ocasional de alcohol y tendencia al aislamiento, admite Mercedes, complicaban su mejoría.
“Por primera vez alguien se preocupa por mí”, llegó a decirle Luis, de cejas depiladas y rayadas. “Aquí puedes estar, quédate conmigo. La vida va lenta, vas a estudiar, vas a entrar a la escuela con mis hijos”, recuerda hoy, entre lágrimas, haberle dicho.
lm
