VERACRUZ, VER.— En medio de enfermeras, médicos y administrativos que exigen respeto a sus derechos laborales hay un hombre que llora de impotencia por la falta de atención médica a su padre, un adulto de 62 años que ha solicitado su baja del Hospital Regional de Alta Especialidad de Veracruz para morir con dignidad, en su casa. Los manifestantes guardan silencio y solidarizan con este caso.
“Tengo más de mes y medio aquí con mi papá internado y por un estudio que necesita no lo pueden atender. Mi papá está desesperado, ya pidió su baja y dice que mejor quiere ir a morirse en su casa, no morirse aquí”, cuenta Carlos Mendoza Hernández, un hombre de piel morena y cabello canoso, con la voz entrecortada.
El estudio que requiere el padre de Carlos, Gregorio Mendoza Díaz, es un CPRE (colangiopancreatografía retrógrada endoscópica) un procedimiento médico para diagnosticar enfermedades de los conductos biliares y pancreáticos que el Hospital Regional de Alta Especialidad de Veracruz le retrasó por más de mes y medio. Los médicos le dijeron a su hijo Carlos, “porque no había los aparatos; que el gobierno no había pagado a la empresa que prestaba el servicio”.
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"Yo no lo voy a retener —dice Carlos—, si él ya quiere irse a morir a su casa pues ni modo, pero estoy inconforme porque el gobierno no hace nada, prefiere invertirle a otra cosa que invertirle a los hospitales".
La protesta de Carlos la hizo el pasado martes 21 de abril y su video fue publicado por LA SILLA ROTA. Horas más tarde fue contactado por personal administrativo del Hospital Regional de Alta Especialidad para decirle que Gregorio por fin recibiría el estudio que, en el sector privado, vale entre los 30 mil y 100 mil pesos.
“Oye, pero ya hice todo el movimiento para la alta de mi papá”, respondió Carlos, puesto que según le informaron, una vez que Gregorio saliera del hospital para realizarse el estudio CPRE en otro lugar perdía el derecho a una cama.
“No pues ya la cancelamos, ya no se va a ir tu papá. Vamos a hacer lo posible por buscarle este aparato para que la CPRE de tu papá se haga hoy, y ya va a ser mejor atendido”, le dijeron el mismo martes por la tarde.
Luego de esperar 46 días hospitalizado, aguantando el hambre en más de una ocasión y hasta por cinco días seguidos (de ayuno) por la promesa de “hoy sí le realizamos el procedimiento”, Gregorio fue intervenido la madrugada de este miércoles 22 de abril para que los médicos descarten o diagnostiquen un posible tumor en el páncreas.
Y, para sorpresa de los especialistas, el hombre de 62 años aguantó la intervención médica basada en una endoscopia gastrointestinal con fluroscopia. “Mi papá se puso demasiado flaco, y pues me dijeron que no iba a aguantar el estudio porque estaba muy débil y delgado, pero salió bien, está adolorido”, dice Carlos afuera de la unidad médica, formado frente a una camioneta que regala comida a familiares de pacientes del Hospital Regional de Alta Especialidad de Veracruz.
La negligencia empeoró la salud de Gregorio
El pasado 7 de marzo, Gregorio entró caminando al hospital junto a su hijo Carlos, quien llevaba los resultados de los análisis de sangre y orina que recién le habían hecho en un centro de salud privado. Hoy Gregorio no puede mantenerse de pie. Las imágenes demuestran sus brazos delgados y ojos hundidos.
“Ya tenía como cinco días que ya no aguantaba, que ya se quería ir, pero yo por más que lo hablaba con él y lo convencía pues ayer ya no me aguanté, ya lo veía de plano muy desesperado”, cuenta.
Cuando recién ingresó, Gregorio presentaba dolor abdominal ocasionado por causas hepáticas y pancreáticas, sin conocer la causa real de los malestares. Por ello, cuando los estudios del hospital arrojaron que tenía obstruido el ducto biliar de la vesícula, los médicos vieron necesario realizarle una CPRE para descartar o confirmar un posible tumor en el páncreas.
“En todo el tiempo que he estado aquí cuántas personas no se han muerto por lo mismo, por la negligencia de que aquí que no hay las cosas —insiste Carlos—la gente aquí se muere. La gente viene lejos, de muchos lugares y no son atendidos, sus pacientes se mueren, como el mío”.
Por el largo periodo que Gregorio ha pasado en cama, explica Carlos, ha comenzado a retener líquidos que han demorado hasta ocho días en drenar. “Yo sé que no le pueden estar sacando líquido constantemente, pero se pasaban tres, seis, siete, la última fue de ocho días y le sacaron 3 litros”.
Además de los dolores y falta de medicamentos para su control, como el ketorolaco intravenoso que Carlos tuvo que comprar en más de 300 pesos, Gregorio enfrenta la falta de insumos como los catéter. “Le hicieron uno improvisado, le pusieron una pequeña jeringuita para estarle drenando. Ya tiene 15 días”, explica.
Para enfrentar los gastos de algunos medicamentos y sus comidas, cuenta, se apoya de familiares quienes le dan, a veces, 200 o 500 pesos para costear sus comidas a raíz de que hace algunas semanas renunció a su empleo. “Estoy aquí todo el día, era chofer, repartidor, pero preferí renunciar antes de que me corrieran”.
“Yo la verdad no lo hice con fin de viralizarme ni nada. Lo hice para que llegara a oídos de la gobernadora, a ver si se podía hacer algo. Gracias a Dios sí se logró que se le hiciera la CPRE”, comenta con una sonrisa.
lm
