VERACRUZ, VER.- Silvia festejó su cumpleaños número 59 y el año nuevo con una amiga que, muy a fuerzas, la convenció de ir a cenar. Chiva, como le dicen de cariño, asegura que si se hubiera quedado a dormir en su casa como eran sus planes, su familia habría tenido “chiva carbonizada”.
“No hubiera podido salir. En lo que bajaba y encontraba mi llave… ¿cómo?”, dice Silvia mientras mira con tristeza e incredulidad el terreno vacío que dejó el incendio que consumió su hogar.
En menos de media hora, ella, Betzaida y Reyna se quedaron sin nada. El incendio, ocurrido durante la madrugada del 1 de enero en el fraccionamiento Albatros, consumió cada lámina y madera que fungía como techo y pared de las cuatro personas que vivían en cada casa.
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Carbón, cenizas y objetos quemados fueron lo único que sobrevivió del siniestro que, según sus conjeturas, inició debido al uso de pirotecnia.
“El vecino nos dijo que vio cómo un cohete, como tipo varilla que soltaba chispitas, cayó encima de la casa de Silvia, pero pues no le tomó importancia porque el techo era de lámina, pero al poco rato se incendió. No sabemos si esa fue la causa o no, pero al parecer fue eso”, comenta Román, uno de los afectados por el incendio.
A diferencia de las otras tres familias, las afectaciones en la casa de Román fueron parciales: un microondas quemado, parte de su pared de madera y techo de lámina, y algunos electrodomésticos mojados -como el refrigerador y la estufa que aún no saben si funcionan-durante la llegada del Heroico Cuerpo de Bomberos del Municipio de Veracruz.
Cuando ocurrió el incendio, Silvia estaba sólo a dos calles de su casa. Tardó menos de cinco minutos en llegar, pero cuando lo hizo, el fuego ya había consumido los dos pisos de su vivienda de lámina y techo de plafón, materiales altamente inflamables.
Hasta antes de la llamada que la hizo correr hacia su hogar, estaba feliz y agradecida. Aunque había festejado su cumpleaños lejos de sus hijos y esposo, Chiva agradecía terminar el año con tranquilidad, salud y estabilidad en su familia, las cuales le fueron arrebatadas en un instante.
La casa de Reyna
Reyna Coto, de 33 años, hija y vecina de Román, estaba a punto de quedarse dormida cuando escuchó los gritos que alertaban sobre el incendio. Apenas logró despertar a su hijo de 12 años y tomar en brazos a su hija de casi tres, cuando salió de su casa el fuego ya había alcanzado la pared derecha.
El incendio consumió por completo las casas de los lotes 14, 13 y 12, este último siendo el de Reyna, el anterior de Silvia y el primero de Betzaida. En el lote número 11 vive Román con su esposa, hija, nieta y dos perros, quienes huyeron del siniestro después de Reyna.
Asustada, Reyna, su esposo, sus hijos y su perro Duque salieron juntos. Sin saber cuándo personas entraron a su domicilio para sacar sus documentos y tanque de gas. “No supe qué hacer, me bloqueé, me puse a llorar. Nos alejamos y cuando regresamos mi hija vomitaba por el olor del humo”, explica.
Su vivienda, de un piso, también estaba construida de lámina. De ella, nada más que el suelo, la pared del fondo y media taza llena de tizne. “Tiraron mucho cohete, de hecho, por eso decidimos quedarnos en casa, por nuestro perro Duque. Por acá se escuchó también que empezaron a tirar con armas de fuego, y me dijo mi esposo: ojalá Dios nos proteja, porque luego las balas cruzan las láminas, pero nunca nos imaginamos que algo así nos pasaría”.
Electrodomésticos, ropa, calzado, muebles e incluso la tarea de su hijo quedaron hechas cenizas. Con media sonrisa, dice su hermana: “andaba preocupado porque perdió todos sus libros, sus tareas… Tanto que se anduvo quemando la cabeza estas vacaciones para terminarlas”. –“Menos mal, porque no tenía completos los apuntes del primer trimestre”, remata el adolescente.
La casa de Betzaida
Silvia, Reyna y Román se conocen desde hace 12 años, cuando llegaron al área verde del fraccionamiento Albatros para convertirlo en sus viviendas. Poco después llegó Betzaida con sus tres hijos, de los cuales dos todavía son menores de edad.
Como Silvia y a diferencia de Román y Reyna, quienes estaban a punto de quedarse dormidos, Betzaida Fernández celebraba el año nuevo con sus hijos en casa de su mamá. Lo único que salvaron de su vivienda fue el tanque de gas que ya se había inflado.
“Me sorprendí, ¿cómo había sido posible? Nos acabábamos de ir, salimos 11:30. No lo podría creer”, dice Betzaida, de 33 años y madre soltera que por ahora duerme junto a sus hijos en casa de sus padres. Ella, como las demás familias, observa con tristeza los terrenos que huelen a humo, pero con la esperanza de que el ayuntamiento de Veracruz les ayude a recuperarse.
“Nosotros los afectados platicamos de que si de verdad tiene el corazón de apoyarnos pues ya mejor en lugar de lámina y madera (que el ayuntamiento), por el mismo costo, nos ayude con unas paredes de block, esperando que sea un poquito más segura porque luego vienen otra vez las festividades y puede pasar lo mismo… Una casa así (de lámina y madera) es más fácil quemarla”, comenta Silvia Herrera.
lm
