VERACRUZ, VER.- Como siempre, Johann Emir Ortega Olivares regresó del trabajo a su casa la mañana del jueves 31 de julio. Eran alrededor de las 7:00 cuando llegó del rastro de maquilado de pollo donde laboraba. Saludó a María Angélica, su madre, se quitó el uniforme y sin probar bocado, avisó que saldría a entregar un producto de limpieza a uno de sus amigos.
A las 7:30, el adolescente de 16 años, vestido con una playera guinda y un pantalón color negro, le dijo a María Angélica: “voy a salir, voy a entregar”, y partió rumbo al parque “del hongo” del fraccionamiento El Coyol, ubicado en la ciudad de Veracruz.
Desde entonces, el “Negrito”, como lo apoda su madre desde niño, cumple 18 días desaparecido. La familia come poco, llora todo el día y está envuelta de miedo. Cuando el cansancio puede más, sueñan que regresa, que les llama o que los contacta.
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“Aquí estoy”, son las palabras que pronuncia entre sueños y que esperan pronto escuchar.
Día 1 de búsqueda
Son sólo 15 minutos a pie desde la vivienda de Johann hasta el parque. Se trata de un lugar transitado, donde hay bancas y donde niños suelen jugar mientras que personas venden ropa de segunda mano. Alrededor hay negocios y casas que además tienen cámaras de seguridad. Sin embargo, por temor, la mayoría se ha negado a colaborar con la investigación.
“Él tenía que hacer la entrega con su amigo y ya, es todo lo que sabemos”, explica su hermana Karen.
Hacía tiempo que Johann vendía productos varios como parte de un ingreso extra. A veces eran gorras, audífonos, cosas para el hogar o productos de limpieza como el que entregaría ese jueves. Todo, explica Karen, para sobrellevar la situación económica de la familia.
“Él quería ayudar con los gastos de la casa, y como todo joven, le llamaba tener algo mejor. Tal vez poder pagar sus gustos, tener un dinerito extra a parte de los que mis papás le den, por eso entró a trabajar”.
Johann siempre avisa dónde y con quién está. Siempre avisa cuando se va a quedar sin batería, siempre responde el teléfono a menos que esté dormido, y lo más importante: siempre regresa a casa.
Eran las 10:00 de la mañana cuando Karen se enteró que el teléfono de Johann enviaba las llamadas al buzón de voz. “A lo mejor está con su amigo, están en la casa de él o algo así y se ha de haber quedado dormido”, le dijo a su madre que ya estaba en el trabajo.
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En ese momento no se preocupó. Johann trabajaba de madrugada y que pudiera quedarse dormido no le parecía raro, era en realidad común. Tampoco le extrañó que no regresara a la casa después de verse con un amigo. “A veces uno se pone a platicar”, explica.
“Se ha de haber quedado dormido, en un rato te contesta”, le insistió a su mamá. Sin embargo, cuando se hizo tarde y las llamadas y los mensajes de WhatsApp no llegaban, se preocuparon. Alrededor de las 4:00 de la tarde Karen hizo la primera publicación en redes. Sus padres, mientras tanto, acudieron a la Fiscalía de Veracruz a denunciar su desaparición.
Por la noche, ya cuando conocidos y desconocidos sabían de la desaparición de Johann, Karen comenzó a recibir llamadas que buscaban extorsionarla. “Nos decían en las llamadas que era para entregarlo, pero sin pedir dinero, pero querían entregarlo supuestamente”.
“Por mensajes eran personas diciéndome ‘lo acabo de ver por tal lado’, ‘me pareció verlo en tal zona’, pero nada en concreto. Íbamos y no había nada”, cuenta. Desde entonces, el miedo y la incertidumbre han consumido principalmente a María Angélica, su madre.
”Nunca había hecho algo así”
Johann Emir es el menor de dos hermanos. Tiene la tez morena, una cicatriz en la ceja izquierda, un lugar arriba del labio superior y una cicatriz en la pantorrilla derecha. Mide poco más de 1.70 centímetros de estatura y tiene el cabello lacio, corto y color negro. Sus ojos son color cafés y sus labios son gruesos.
El 4 de agosto decidieron manifestarse en el Zócalo de Veracruz, frente al Palacio Municipal para exigir avances en la investigación. Sin embargo, lo único que consigió la familia fue una cita con la Fiscalía en la que les advirtieron: “a nosotros las marchas no nos espantan”.
“Nos dijeron que no los vamos a presionar con marchas y que ellas de todas maneras las van a trabajar pues a su velocidad o a su manera. Entonces, pues creo que de gran ayuda no fue. De gran ayuda no fue. No todos han sido así con nosotros. Hemos recibido también muy buenas atenciones por parte de otras personas”, explica Karen.
Mientras tanto, la hermana mayor pide ayuda para la localización de Johann, a quien ya buscaron en diversos hospitales y colonias de Veracruz.
Según explica, su hermano es un chico tímido que no suele entrar rápido en confianza con las personas que no conoce. Estudia la preparatoria los sábados, practica deporte y esperaba, con emoción, iniciar un taller para convertirse en barber.
lm
