El debate por la alcaldía de Veracruz, realizado este miércoles 21 de mayo bajo la moderación Beatriz Zavaleta de la estación radiofónica de noticias XEU, no solo mostró las diferencias de visión entre los candidatos, sino también una radiografía clara de quién está marcando el paso y quién está intentando, con poco éxito, alcanzar la conversación.
El tema que sin duda captó la atención de los ciudadanos fue el del agua: su escasez, su costo, su mala calidad y, sobre todo, la concesión que mantiene atada de manos al municipio. Grupo MAS volvió al centro del debate público, como símbolo de lo que no funciona en Veracruz y de lo que se debe corregir, mientras el clamor popular exige respuestas y soluciones, hubo una candidata que eligió mirar hacia otro lado.
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Indira Rosales, abanderada del PAN y rostro del yunismo, no solo eludió el tema del agua, como si no existiera, como si no doliera a los porteños abrir la llave y no tener ni una gota, sino que desperdició cada minuto de su intervención en descalificar a Rosa María Hernández Espejo, candidata de Morena y puntera en las encuestas.
Quien va abajo en las encuestas suele recurrir al ataque, pero hacerlo sin ofrecer alternativas ni propuestas propias, especialmente cuando el tema central toca la vida diaria de miles, raya en la irresponsabilidad, Veracruz necesita liderazgos con visión y carácter, no retóricas huecas ni rencillas recicladas del pasado reciente.
Rosa María, por su parte, se mantuvo firme, defendió sus propuestas, expuso con claridad la necesidad de revisar el contrato con Grupo MAS y planteó un rediseño de la gestión del agua. Sin estridencias, dejó claro por qué va al frente, porque conecta con lo que la gente siente y quiere escuchar, no con lo que los estrategas de guerra sucia recomiendan.
Carolina Gudiño, sorprendió a más de uno, su intervención fue sólida, dejando ver que no ha perdido la mano para debatir ni para diagnosticar los problemas del municipio. Su voz vuelve al escenario político con una mezcla de pasado y propuesta que muchos no esperaban, pero que claramente gustó.
Belem Palmeros, desde la bancada “fosfo fosfo”, planteó propuestas concretas, mientras que Mario Wong, aunque con menor visibilidad mediática, no se quedó atrás. Ambos coincidieron en un punto clave: el modelo de concesión del agua está agotado y debe ser cambiado. Es decir, hubo un consenso generalizado entre todos los candidatos... menos una.
Haciendo zoom… Indira Rosales parece haber decidido que, en lugar de hablar del agua, mejor tira lodo y lo cierto es que ni siquiera logra embarrar, solo deja ver su desesperación, porque cuando no se tiene propuesta, se opta por la confrontación y en este debate, quedó más claro que nunca. Los porteños tienen memoria y sed de agua, de justicia, de un gobierno que dé la cara. A juzgar por el debate, algunos ya dejaron de escuchar y otros apenas están empezando a decir lo que Veracruz necesita. A Rosa María le tocó cerrar sin que los demás tuvieran derecho de réplica, y por ello soltó toda la corrupción que encierra a Indira Rosales quien ya no se pudo defender por dos razones: su turno al micrófono se había agotado y como abanderada de los Yunes quedó en total abandono.
