XALAPA, VER.- La medicina desarrollada por los pueblos mesoamericanos no pertenece únicamente al pasado, sino que sigue presente en prácticas cotidianas y representa una fuente de conocimiento que puede dialogar con la investigación científica actual, coincidieron la arqueóloga Virginia Arieta Baizabal y el farmacólogo Juan Francisco Rodríguez Landa durante el conversatorio “Medicina mesoamericana: del códice al laboratorio”.
La actividad se realizó como parte del Foro C3 Ciencia, Cultura y Creación, impulsado por la Dirección General de Investigaciones de la Universidad Veracruzana (UV), espacio dedicado a promover el intercambio de conocimientos entre distintas disciplinas.
Durante el encuentro, Virginia Arieta, investigadora del Instituto de Antropología de esta casa de estudios, explicó que el concepto de medicina mesoamericana permite comprender los sistemas de salud desarrollados por las culturas originarias en su contexto histórico y cultural, evitando interpretaciones simplificadas o asociadas únicamente con prácticas esotéricas.
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Señaló que el estudio de estos conocimientos requiere reconocer que las prácticas médicas antiguas estaban estrechamente vinculadas con aspectos sociales, simbólicos y religiosos, por lo que no pueden analizarse de manera aislada.
La investigadora destacó que la arqueología aporta diversas herramientas para acercarse al conocimiento de las plantas utilizadas en el pasado, entre ellas el análisis de semillas, restos vegetales, fitolitos, esculturas, códices y otras fuentes documentales.
Explicó que disciplinas como la paleoetnobotánica permiten reconstruir los usos de especies vegetales en sociedades antiguas y comprender su importancia en ámbitos relacionados con la alimentación, la salud, la vestimenta y la vida cotidiana.
Por su parte, Juan Francisco Rodríguez, investigador del Instituto de Neuroetología de la UV, comentó que numerosos conocimientos tradicionales continúan vigentes en distintas comunidades y que muchos de ellos han despertado el interés de la ciencia contemporánea por sus posibles aplicaciones terapéuticas.
Mencionó que la farmacología moderna emplea métodos experimentales para evaluar la seguridad y eficacia de sustancias obtenidas de plantas utilizadas tradicionalmente, con el fin de identificar los beneficios y posibles riesgos para la salud.
Rodríguez Landa destacó que el estudio científico de estos recursos requiere una visión interdisciplinaria en la que participen especialistas de distintas áreas, así como el reconocimiento de los saberes comunitarios que han preservado este conocimiento durante generaciones.
Ambos ponentes coincidieron en que uno de los principales desafíos consiste en evitar que durante los procesos de investigación y desarrollo científico se pierda el contexto cultural que da sentido a estos conocimientos tradicionales.
Asimismo, subrayaron la importancia de fortalecer el diálogo entre las ciencias naturales, las ciencias sociales y las humanidades para comprender de manera integral la relación entre las comunidades, la biodiversidad y los recursos medicinales que forman parte del patrimonio biocultural de México.
El conversatorio permitió compartir y difundir los conocimientos registrados en códices, las prácticas heredadas por generaciones y las investigaciones realizadas en laboratorios, los cuales pueden complementarse para ampliar la comprensión de la salud y la medicina desde una perspectiva interdisciplinaria.
