XALAPA, VER.- Las lombrices de tierra no solo son habitantes del subsuelo, sino piezas clave en una relación simbiótica con bacterias que determina la fertilidad de los ecosistemas, resaltó Isabelle Barois Boullard, investigadora del Instituto de Ecología (Inecol), en su participación en el Seminario Científico del Instituto de Biotecnología y Ecología Aplicada (Inbioteca) de la Universidad Veracruzana (UV).
La especialista impartió la ponencia “Las lombrices de tierra y sus interacciones” y explicó que la lombriz segrega un moco intestinal rico en carbohidratos lábiles que actúa como una inyección de energía para las bacterias.
Isabelle Barois detalló que esta “azúcar” activa el arsenal enzimático de los microorganismos en dormancia, permitiéndoles descomponer la materia orgánica compleja que la lombriz por sí sola no podría digerir, transformando así el suelo en un entorno rico en nutrientes.
Te podría interesar
Más allá de la química, la investigadora destacó el papel de las lombrices como “arquitectas” del terreno; indicó que a través de la creación de galerías y la producción de turrículos (desechos), estos anélidos mejoran la porosidad y la aireación del suelo. Esta actividad física es comparable a un arado natural que promueve la mineralización y la estabilización de la materia orgánica, factores críticos para mantener la estructura de los agroecosistemas.
En el ámbito de la remediación ambiental, el trabajo de Barois Boullard analiza el potencial de especies como Pontoscolex corethrurus y Amynthas corticis, que han demostrado ser eficaces en la recuperación de suelos degradados o impactados por hidrocarburos, funcionando como una herramienta biotecnológica de bajo costo y muy útil para restaurar terrenos que han perdido su capacidad productiva debido a la actividad industrial.
TAMBIÉN PUEDES LEER: Estudiante de posgrado UV gana premio nacional con investigación hepatorrenal
Para el sector agrícola, especialmente el cafetalero de la región, la investigadora de Inecol propuso integrar el lombricompostaje mediante el uso de pulpa de café y residuos de caña.
Esta práctica no solo permite transformar desechos en abonos de alta calidad, sino que reduce significativamente la dependencia de fertilizantes de síntesis química, promoviendo una economía circular que beneficia tanto al productor como a la salud del suelo a largo plazo.
Finalmente, instó a los estudiantes de posgrado a ver a la lombriz como un aliado estratégico y no con repulsión; por otro lado, consideró que el reto actual de la ciencia del suelo en México es escalar los hallazgos de laboratorio —como la producción de fitohormonas por bacterias asociadas a lombrices— hacia aplicaciones de campo que puedan ser replicadas por los agricultores para mejorar la soberanía alimentaria del país.
