VERACRUZ, VER.- “¡Ya avanzó! Es un milagro”, celebró Alan a las 9:00 de la mañana del jueves 15 de enero del 2026 cuando Areli, su esposa, pasó con los funcionarios de la Oficina de Hacienda de Veracruz para el alta de placas de su motocicleta tras casi nueve horas de espera. Mientras ella iniciaba el trámite, él permanecía afuera, sentado a la orilla de la ventana.
Por el desvelo iniciado a las 11:40 de la noche anterior, Areli estuvo a punto de quedarse dormida en las sillas de espera. Alan, que sí había dormido algunas horas, estiraba de vez en cuando las piernas que de pronto sentía entumecidas.
Areli traía el maquillaje corrido y una cara que delataba su cansancio y nerviosismo. En medio de más 50 personas que también esperaban su turno, la mujer no quería perderse ninguna instrucción ni cantar victoria hasta no pagar los mil 600 pesos del alta de su placa, lo que consiguió hasta las 11:30 de la mañana del jueves, luego de esperar casi 12 horas para realizar y concluir su trámite y recobrar de nuevo su libertad.
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A lado suyo estaba sentado un hombre que, como ella, había pernoctado a las afueras de la Oficina de Hacienda del Centro Histórico de Veracruz. Enfrente y de pie estaba el encargado, un trabajador que fungía como el organizador de quienes llegaron desde la noche del miércoles o la madrugada.
Su función, además, consistía en nombrar los requerimientos para realizar el alta o canje de placas de motocicletas, lo que determinaba continuar el trámite o retirarse. Por ejemplo, sin importar el tiempo que llevaba esperando, el hombre de cabello canoso que permanecía al lado de Araceli, abandonó la fila al no contar con el pago de la tenencia vehicular.
Ella, con la experiencia y el conocimiento de quien intentó en dos ocasiones previas iniciar el trámite de alta de placas, escuchó atenta.
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Un día perdido por la burocracia
Alan durmió como pudo sobre la acera fría de la calle Benito Juárez. Sólo llevó su gorra color negra, su chamarra del mismo tono y un pantalón de mezclilla para enfrentar las rachas de viento que, durante la madrugada del jueves, alcanzaron los 71.4 km/h por el frente frío que ingresó a la ciudad.
Con el viento frío que llegaba directo del mar, Areli no pudo conciliar el sueño, y para entrar en calor, ambos tomaron un café cerca de las 3:00 de la mañana, cuando las rachas del norte movían con mayor intensidad el semáforo que Alan se imaginó cayendo sobre la banqueta.
Areli y Alan llegaron a las 11:40 de la noche del miércoles a la Oficina de Hacienda, y cinco personas ya permanecían formadas. Doble suéter, cubrebocas y un banquito fue el kit que la familia llevaba consigo para pasar la noche.
“Parecido como en el Seguro Social, que es muy seguido formarnos casi a las 3:00 de la mañana para alcanzar una cita médica, aunque el IMSS nos queda más cerca y no es como llegar a la zona centro de madrugada en taxi. Aquí estás más alerta”, explicó Areli, quien por un momento pensó que serían asaltados por algún borracho.
Durante la madrugada, además del miedo, Alan enfrentó las ganas de orinar en medio de un lugar que permanecía con establecimientos cerrados hasta las 6:00 o 7:00 de la mañana. “Yo creo que deberían poner unos baños si saben que las personas se quedan aquí”, pensó al terminar su trámite.
“Si quiere ser el primero, váyase formando”
“Es tedioso, pero al final del día hay que hacerlo”, pensó Areli todas las veces que enfrentó algún inconveniente para terminar el trámite que le llevó 12 horas, pero que en el registro oficial inició a las 9:00 y concluyó a las 11:30 de la mañana, con la toma de la ficha en la Oficina de Hacienda.
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Con el cabello revuelto por el aire y estresada por la falta de sueño y el hambre, Areli vivió las fallas que por momentos su lento sistema impedía la impresión de la orden de pago de su trámite.
Bajó y subió las escaleras del edificio en al menos cuatro ocasiones en busca de señal telefónica, de batería para su celular y de dinero para, finalmente, realizar el pago en efectivo en el Yepas de la esquina.
Todo mientras Alan, quien perdió un día laboral para acompañar a su esposa, escuchaba de los auxiliares de la Oficina de Hacienda decirle a los recién llegados: “si quiere ser el primero, váyase formando”.
“¡Se logró!”
Areli y Alan se sonrieron y abrazaron cuando ella, casi dando brincos de alegría, llegó con la placa de su motocicleta en mano. “¡Se logró, lo logramos!”, carcajearon juntos la victoria.
“Me siento tranquila, aliviada después de casi 12 horas, esto es muy estresante”, reviró. “Pero ahora sí, papasito, ¡agárrate! Con las placas ya voy a querer aprender a manejar la moto”, sentenció a Alan. “Pero primero voy a desayunar, hacer unos pendientes, y dormir”, finalizó.
lm
