VERACRUZ, VER.- Ricardo apostó por primera vez a los 17 años en una página de internet. Desde la casa de un amigo, con su teléfono y una cuenta virtual, Ricardo jugó sus primeros 100 pesos a un equipo de béisbol, uno de los deportes que solía ver.
No necesitó ser mayor de edad para apostar el dinero que le sobró del bachillerato, sólo la clave de su casillero —su cuenta de apuestas—, una INE e ir a una tienda de conveniencia para hacer el depósito. Diez años después, en algunos sitios de apuestas todavía no es requisito la mayoría de edad.
“Estoy seguro que ya han puesto un poco más de seguridad, quiero pensar”, dice. “Yo agarré y creé la cuenta con el INE de mi mamá, puse la información de ella y así fue como pude”, explica el hombre de casi 1.80 centímetros que lleva un año de “sobriedad” al juego de azar y las apuestas.
Te podría interesar
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENDOCAT 2025), en los últimos 12 meses 904 mil 571 adolescentes de 12 a 17 años participaron en juegos de apuestas. De estos, 63 mil 445 adolescentes cumplieron con criterios de juego problemático, en los que se encuentran la preocupación por el juego, la necesidad de cada vez apostar cantidades más grandes y la irritabilidad al intentar dejar o suspender el juego, entre otros.
Antes de los casinos virtuales, Ricardo apostaba con su amigo cada vez que jugaban póker en el recreo, también durante los ratos libres. Al inicio apostaban “de a poquito”, pero después, ambos pasaban juntos toda la tarde apostando en línea de 100 a 200 pesos en todos los deportes.
Diario inventaban tareas en equipo para reunirse de 5:00 de la tarde a 9:00 de la noche para ver los partidos y hacer juntos las apuestas. “Se volvió mi cuate, de que hacíamos todos los proyectos y tareas juntos, y cuando no teníamos nada que hacer, pues inventábamos una tarea o algo”, explica Ricardo desde una de las sillas de Jugadores Anónimos Veracruz, el único grupo de apoyo en el estado, ubicado en el fraccionamiento Reforma, para ludópatas.
“Así fue como empecé por querer ganar dinero fácil”, dice hoy a sus 27 años como uno de los miembros más jóvenes que mantiene el grupo. “Yo creo que de nueve o 10 amigos de mi edad que apuestan, debe haber dos o tres que sé que su relación con el juego no es la idea, pero todavía ninguno lo ha aceptado”.
“Yo no tuve el amor de mis padres como yo hubiese querido que me lo mostraran. No es que no me amaron, sí lo hicieron, pero gracias al grupo he comprendido que no lo hicieron de la manera que yo quería. Yo crecí con esa carencia, crecí buscando la aprobación de ellos y al no obtenerla la empecé a buscar en el mundo exterior, y en esta práctica perdí mucho mi esencia”, reconoce tras un año sin apostar.
Cada vez más jóvenes apuestan en México
Según Concepción, una de las tres personas fundadoras de Jugadores Anónimos Veracruz, cada vez más jóvenes se acercan al grupo por una relación problemática con el juego y las apuestas. Actualmente, el promedio de edad en el grupo varía de los 18 hasta los 65 años, aunque han tenido miembros de 16 y 17 años que iniciaron con las apuestas uno o dos años antes de buscar ayuda.
Concepción es una mujer de 56 años y de pelo rubio que lleva 3 años en sobriedad que afirma que tres de cada 10 personas que acuden a un casino se vuelve ludópata. De acuerdo con la ENDOCAT 2025, este trastorno se caracteriza por un patrón de comportamiento de juego persistente y problemático que provoca angustia o deterioro significativo que puede diagnosticarse 12 meses después de cumplir con al menos cuatro de los 10 criterios.
La preocupación por el juego, la necesidad de apostar cantidades cada vez mayores, los intentos fallidos de dejar o controlar el juego, la inquietud o irritabilidad al intentar dejar de jugar, el utilizar el juego como vía de escape a los problemas o al estado de ánimo negativo, el seguir jugando para intentar recuperar las pérdidas, mentir para ocultar el alcance de su adicción al juego, poner en peligro o perder oportunidades importantes, así como depender de otros para obtener ayuda financiera y cometer actos ilegales para financiar sus juegos de azar, son las características que determinan un comportamiento problemático con las apuestas.
Las gráficas de la ENDOCAT 2025 demuestran que poco más de 3 millones de personas de 18 a 65 años participaron en juegos de apuestas en los últimos 12 meses, de los cuales 185 mil 794 adultos presentan un juego problemático.
Apostar en cualquier lugar, en cualquier momento
Pasó un año hasta que Ricardo notó algunas de las características de la ludopatía. Además de ver las apuestas como una vía de escape, Ricardo había comenzado a robarle dinero a su mamá, a seguir jugando para recuperar lo perdido, a mentir para disimular su adicción y a depender de su familia para desempeñar los objetos que necesitaba y que había empeñado para continuar en el juego.
Pronto, Ricardo debía miles de pesos en tarjetas de crédito a instituciones bancarias. “Las apuestas eran diario, en cualquier lugar, en cualquier momento. Podías estar el fin de semana en una fiesta, incluso en la misa y estar checando el partido cómo iba. Ahora sí que no tenías ningún límite”, recuerda.
Durante 10 años, Ricardo vivió irritado, molesto y con vergüenza, especialmente cada vez que perdía dinero. En uno de sus últimos intentos por dejar el juego, decidió comprar criptomonedas, pero rápidamente se dio cuenta que era una nueva forma de apostar su dinero.
“La gente que apuesta no puede estar sólo en el casino, puede estar en otras cosas. Yo compraba y vendía criptomonedas en cuestión de días, de horas. Ni siquiera lo entendía lo suficiente, pero como que era otra forma de dinero rápido. Como en tres semanas mandé un año de trabajo al carajo”, explica.
Ricardo llegó a Jugadores Anónimos hace dos años por su familia, pero no fue hasta que tocó fondo que decidió regresar y cambiar su vida. Con ayuda del grupo, el hombre de hombros anchos y ojos cafés entendió que fueron sus problemas emocionales los que lo llevaron a la ludopatía.
“Hoy puedo decir que mi autoestima ha mejorado. No está como cuando llegué, pero ni de cerca. La confianza que me tiene mi familia es maravillosa, me ha cambiado el semblante. Todo a tu alrededor mejora, en el ámbito económico, todo”, dice Ricardo, quien considera al grupo como su pastilla para controlar la diabetes.
lm
