SALUD, EDUCACIÓN Y CAMBIO CLIMÁTICO

Salud y educación: el binomio vital para que nuestras ciudades sobrevivan a la crisis climática

Ciencia y Luz

Créditos: LSR Veracruz
Por
Escrito en VERACRUZ el

Estefany Guadalupe Zayas Zamora, Estudiante de la Maestria en Ciencias de la Tierra, UV.

El Siglo XXI no solo se define por la expansión de nuestras ciudades, sino también por la vulnerabilidad que estas presentan ante un clima cambiante. Mi formación científica me ha enseñado a entender a la ciudad de una mejor manera, no solo como el lugar donde vivimos sino como un ecosistema donde todo se complementa. 

Desafortunadamente quedamos “atrapados” en un clima que cambia más rápido que nuestra que la capacidad que llegamos a tener de reaccionar. Más allá de los datos existentes, veo una clara realidad: en nuestras calles, el cambio climático impacta en nuestra salud, y para protegernos, la herramienta más poderosa que tenemos es la educación.

Vivir en la ciudad hoy significa enfrentarse a riesgos que antes parecían lejanos. No se trata solo de un "verano más caluroso". Hablamos de un fenómeno que actúa como una lupa, haciendo que los problemas que ya teníamos sean mucho más graves. El asfalto que pisamos atrapa el calor y lo devuelve por la noche, creando islas donde el aire se vuelve pesado y peligroso

Las olas de calor ya no son una incomodidad; son una amenaza real que causa deshidratación, golpes de calor y complica enfermedades que muchos ciudadanos ya padecen. Además, las tormentas, cada vez más intensas, convierten nuestras calles en ríos, recordándonos que no hemos diseñado nuestras ciudades para convivir con el agua, sino para intentar expulsarla, a menudo sin éxito.

Sin embargo, sé que el miedo no es la solución, pero ignorarlo sí es un peligro. Aquí es donde la educación entra como el escudo más potente que tenemos. No hablo solo de lo que se enseña en los libros de texto escolares, sino de una formación ciudadana profunda. Necesitamos entender por qué el aire está más contaminado y cómo eso afecta los pulmones de los niños. 

La educación nos permite percibir los riesgos antes de que se conviertan en desastres; nos enseña que plantar un árbol frente a casa o reciclar el agua no son solo gestos amables, sino estrategias de supervivencia urbana. Si no comprendemos cómo funciona nuestro entorno, es difícil que estemos dispuestos a cambiar la forma en que nos movemos o consumimos energía

Por esto, el acceso al conocimiento es un derecho vital: una población informada es una población que sabe protegerse. El camino hacia adelante exige integrar ambos mundos. Necesitamos ciudades diseñadas para la salud, con más espacios verdes que refresquen el ambiente y sistemas de alerta que nos avisen antes de que el calor o el agua nos alcancen. 

Pero, sobre todo, necesitamos que ese conocimiento baje de las instituciones a las calles. Mi compromiso, desde las ciencias de la tierra, es ayudar a que entendamos que cuidar el clima no es salvar el planeta en abstracto, sino asegurar que mañana podamos salir a trabajar, ir a la escuela y respirar tranquilos en el lugar donde elegimos vivir.

fm