Lluvias más intensas, sequías prolongadas y crecimiento urbano sin planeación aumentan los riesgos en la ciudad. La adaptación ya no es una opción futura, sino una necesidad urgente en el presente.
Por: Cristóbal García Calderón. Estudiante de la Maestría en Ciencias de la Tierra, UV.
Las ciudades no solo son concreto, avenidas y tráfico, aunque a veces solo eso parezca. Son espacios donde se concentra la vida, pero también donde se reflejan decisiones, desigualdades y riesgos que casi siempre pasan desapercibidos. Frente al fenómeno del cambio climático, dejan de ser simples escenarios y se convierten en protagonistas, ya que pueden agravar los problemas o ayudar a contenerlos
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Hoy, en muchas ciudades del mundo, los efectos ya son visibles: lluvias más intensas, olas de calor más extremas, sequías prolongadas y eventos naturales que ocurren con mayor frecuencia. Estos fenómenos no impactan a todos por igual, pues afectan principalmente a quienes viven en condiciones más vulnerables y a ciudades que han crecido sin planeación adecuada.
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Bajo este contexto, Xalapa no es la excepción. Aunque por mucho tiempo ha sido reconocida por su “clima frío” y su constante neblina, ese equilibrio comienza a mostrar señales de cambio desde hace ya algunos años. La lluvia sigue siendo parte del día a día a veces, pero ahora cae con una intensidad que sorprende y que, en pocas horas, satura calles, y el agua encuentra caminos donde no debería.
Por otra parte, hay días en que la lluvia simplemente no llega; entonces es aquí donde aparecen otros problemas: la falta de agua en colonias enteras, la presión sobre los servicios y la gran incertidumbre sobre lo que antes parecía seguro.
Además, la expansión hacia zonas con pendientes o suelos inestables incrementa el riesgo de deslaves, sobre todo con lluvias intensas. No se trata solo de la naturaleza, sino de cómo la ciudad ha sido ocupada. A esto se suman cambios en temperatura y humedad que pueden afectar a la salud, favoreciendo enfermedades en los grupos más vulnerables.
Ante este panorama, la discusión ya no debe centrarse en si el cambio climático llegará, sino en cómo estamos respondiendo. Xalapa tal vez aún pueda adaptarse, pero requiere mejor planeación, infraestructura adecuada y una ciudadanía informada.
Pensar en la ciudad como un espacio vivo implica asumir que su futuro depende de decisiones presentes. El clima está cambiando y con él, todos nosotros. Lo más preocupante (y tal vez hasta de terror sea) es que, en un clima que ya cambió, la verdadera emergencia no es la lluvia ni el calor, sino el seguir actuando como si nada estuviera pasando.
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