El 24 de febrero siempre ha sido un día para mirar hacia arriba, hacia esa enseña tricolor que flota en plazas y edificios. Pero este año, el Día de la Bandera llega cargado de una deuda distinta, más concreta y más urgente: la deuda con quienes la portaron de verdad el domingo 22 de febrero en las calles de Jalisco, Michoacán, Guanajuato y otros rincones del país.
Mientras México despertaba a la noticia de un operativo de grandes dimensiones para contener el narcotráfico en nuestro País, también empezaron a vivir graves momentos de terror. Bloqueos, vehículos incendiados, ataques a gasolineras y comercios, emboscadas coordinadas en al menos seis estados. En medio de ese caos, guardias nacionales, soldados y policías no se escondieron. Avanzaron.
Un número considerable de elementos de las fuerzas de seguridad murieron ese día. No en el campo de batalla de ninguna guerra declarada, sino en avenidas, carreteras y comunidades de su propio país. Sus nombres aún no llenan titulares. Sus rostros no han ocupado portadas. Pero ellos son, hoy más que nunca, el significado vivo de lo que representa esa bandera.
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El verde, el blanco y el rojo no son solo colores históricos bordados en tela. Son la promesa renovada de que hay quienes eligen ponerse de pie frente al miedo cuando todo empuja a agacharse. Que hay hombres y mujeres que, con o sin reconocimiento, con o sin aplausos, deciden que México vale el riesgo. Que la institución a la que pertenecen vale el sacrificio. Que la gente que está del otro lado de esa línea de fuego merece ser protegida.
México tiene una larga historia de héroes que murieron antes de que alguien los nombrara así. Los Niños Héroes, recordados cada año con discursos y guardias de honor, también eran jóvenes que un día simplemente cumplieron con lo que sentían que debían hacer. No muy diferente a lo que hicieron estos elementos el domingo pasado en las carreteras de Jalisco o en las calles de Michoacán.
Hoy, al saludar la bandera, pensemos en ellos. No como cifras en un reporte de seguridad, no como una nota al pie de la historia del día, sino como lo que fueron: mexicanos que eligieron a su país hasta el final. Que se pusieron el uniforme sabiendo los riesgos, y que aun así se presentaron.
La patria no es solo un símbolo. La patria también tiene nombre, rango, y a veces, una bala que no alcanzó a esquivar.
Eso es gallardía. Eso es México. Eso es la bandera.
Violeta Sosa Zamora, columnista LSR Hidalgo.
