León, Guanajuato.- El último recorrido por la Feria de León 2026 no empezó adentro, sino desde la entrada. Desde temprano era evidente que algo se estaba apagando: prácticamente la mitad de la feria ya no estaba abierta. El acceso por el Poliforum Leónestaba cerrado desde el ingreso; la mitad de las casetas de cobro y la taquilla permanecían fuera de operación. El resultado fue inmediato y visible: filas inmensas concentradas en las pocas taquillas activas, gente esperando con paciencia el pase a un recinto que ya comenzaba a despedirse.
Una vez dentro, el mapa se reducía. Solo la zona de comida y juegos seguía activa; otras áreas habían bajado la cortina desde horas antes. Los pabellones del Poliforum estaban completamente cerrados, con pasillos vacíos y puertas selladas que recordaban que la feria ya estaba en retirada, aun antes del anuncio final.
Entre lo poco que resistía, las filas de siempre se mantenían firmes, como si fueran rituales de clausura. Ahí estaba la última fila del pan Lulú, larga, constante, con compradores que parecían saber que ese antojo tenía fecha de caducidad. Unos metros más allá, las gorditas tarascas seguían saliendo del comal, sosteniendo el pulso gastronómico de la feria cuando casi todo lo demás ya había cedido.
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Los juegos mecánicos operaban por última vez. Se escuchaban risas, gritos y motores, pero con un eco distinto, como si cada vuelta fuera también una despedida. Operadores atentos, usuarios conscientes de que ese viaje ya no se repetiría hasta el siguiente año. A un costado, el símbolo más fotografiado del recinto —el SolarLeón, el león metálico gigante— ya estaba siendo desmontado. Piezas separadas, estructura expuesta: la imagen clara de que la feria se iba, pieza por pieza.
A las cuatro de la tarde, la afluencia era relativamente baja. Había espacio para caminar, para mirar con calma, para notar lo que ya no estaba. Sin embargo, conforme avanzaron las horas, la gente comenzó a llegar. La feria volvió a llenarse de manera gradual, alcanzando una afluencia media, suficiente para mantener el ambiente vivo, pero lejos del bullicio de los días pico.
El último día no fue de multitudes desbordadas ni de grandes estrenos. Fue, más bien, una despedida pausada. Una feria a medio apagar, sostenida por la comida, la nostalgia y los últimos giros de los juegos. Así se vivió el cierre: con menos luces, con desmontajes a la vista, pero todavía con gente que decidió darse la última vuelta, consciente de que, cuando saliera, la Feria de León 2026 ya estaría un paso más cerca de desaparecer del calendario.
