Guanajuato, México.- Mientras las autoridades federales mantienen operativos contra el crimen organizado en Guanajuato, crecen las alertas por la presunta expansión del Cártel de Santa Rosa de Lima (CSRL) hacia otras entidades del país, a pesar de que su líder, José Antonio Yepes Ortiz, alias “El Marro”, permanece detenido desde el año 2020.
De acuerdo con análisis en materia de seguridad pública, este grupo criminal ya no opera únicamente en Guanajuato, sino que ha extendido su presencia a estados como Querétaro, Michoacán e Hidalgo, lo que evidencia una reconfiguración territorial y operativa tras los golpes financieros sufridos en los últimos años.
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Un mapa de presencia criminal, elaborado por el investigador Víctor Sánchez, especialista en seguridad pública de la Universidad Autónoma de Coahuila, documenta que el Cártel de Santa Rosa de Lima tendría influencia en al menos 43 municipios del país. Tan solo en Guanajuato, se reporta actividad en 33 de los 46 municipios, lo que confirma que la entidad sigue siendo su principal bastión.
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En Querétaro, el análisis señala presencia en seis de los 18 municipios, mientras que en Michoacán se identifican operaciones en al menos tres municipios estratégicos: Cuitzeo, Tarímbaro y Cuandacareo. En el caso de Hidalgo, se documenta actividad en Tula, zona considerada clave por albergar la refinería Miguel Hidalgo, una de las más importantes del país.
El investigador explica que estos datos se construyeron a partir de un seguimiento sistemático de reportes periodísticos, ataques armados, aseguramientos y hechos relacionados con el robo de hidrocarburos, actividad que durante años fue el principal sustento económico del grupo criminal.
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Sin embargo, los reportes más recientes advierten que el Cártel de Santa Rosa de Lima ha diversificado sus operaciones, incursionando en nuevas actividades ilícitas, como el robo a transporte de carga y sabotajes a infraestructura estratégica, entre ellos los intentos de descarrilamiento de trenes que cruzan el corredor industrial del Bajío.
Esta expansión también estaría vinculada a alianzas con otros grupos criminales, como el Cártel del Golfo, el Cártel de Sinaloa y organizaciones delictivas regionales, lo que les ha permitido mantener rutas logísticas y flujos económicos pese a la presión de las autoridades federales y estatales.
Especialistas advierten que este fenómeno refleja un ajuste en las estrategias del crimen organizado, que busca operar en zonas con menor vigilancia directa y explotar corredores industriales y energéticos clave, mientras las autoridades continúan evaluando nuevos operativos para contener su avance.
