Jesús termina su rutina diaria de vestirse colocando el extremo de sus pantalones dentro de las botas de hule que son su calzado habitual. Jesús, a sus diez años, estudia el quinto grado en la primaria Emiliano Zapata, de la colonia Laguna de Chiconautla, en Ecatepec.
Y aunque debe hacerlo no le gusta su atuendo porque las botas “se ven feas”, dice y preferiría calzar unos Jordan 23 blancos, pero en esta colonia de calles de tierra y charcos por donde quiera, esos tenis no se pueden usar.
En esta zona de Ecatepec, donde las calles se llaman Laguna de Catemaco, Laguna Bacalar o Lago Kokonor, los vecinos padecen por la falta de agua potable, que rara vez sale de las llaves, a la vez que batallan con la que se queda encharcada durante días sobre las calles de tierra y grava.
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En las casas no hay drenaje y en las calles no hay coladeras ni pavimento. Tampoco hay drenaje en la primaria Emiliano Zapata, en la que Jesús estudia por las tardes y a la que debe ir con botas porque, cuando llueve, el agua sucia cubre los caminos y los alumnos tienen que cruzar charcos y lodo para llegar a clases.
Antes de ir a la escuela Jesús trabaja. Casi a la una de la tarde termina su jornada en una purificadora de agua, donde llena garrafones y atiende clientes. Gana entre 150 y 200 pesos al día. Los días de Jesús se van entre agua, la que introduce en garrafones y la que pisa en el lodo camino a la escuela.
Cruzar ocho lagunas
Jesús cuenta que de su trabajo regresa rápido a casa. Se baña a jicarazos, ya que en su casa no llega el agua potable. Se pone el uniforme y vuelve a salir. Conserva las mismas botas negras con las que trabajó durante la mañana. Dice que se las regaló una señora. Son las quintas botas que usa en su vida, dice.
Desde su casa tiene que cruzar al menos ocho calles con nombre de laguna para llegar a la escuela: Laguna del Carmen, Laguna de Catemaco, Laguna de San Ignacio, Laguna Grande, Laguna Coyuca, Laguna de Alvarado, Laguna Joya y Laguna Chairel.
Irónicamente, en casi todas estas calles hay al menos un charco y, cuando llueve, como sucede a fines de mayo en la zona metropolitana de la Ciudad de México, en las calles se forman círculos de agua que con el paso de los días se convierten en lodo.
Jesús camina despacio entre ellos para no tropezar con alguna piedra escondida bajo los charcos, pero ágil para no llegar tarde a la escuela.
El camino hacia la primaria termina siendo más agotador que su jornada de trabajo en la mañana, dice. En esta colonia casi no hay árboles que den sombra y el calor se intensifica mientras el sol evapora lentamente el agua acumulada en los charcos.
Después de atravesar ocho “lagunas”, Jesús llega a la primaria Emiliano Zapata, un edificio verde rodeado de calles sin pavimento. Ahí se pierde entre mochilas, uniformes y decenas de alumnos que entran a la escuela, de entre quienes destacan unas botas rojas de una niña de segundo grado.
Hay otro detalle irónico: en una calle de esta colonia, habitada por alrededor de 50 mil personas, se colocó un aviso: “aquí comienza la pavimentación de Laguna de Chiconautla”. El letrero se colocó en 2011, antes de que terminara la administración de Enrique Peña Nieto. Terminó la de Peña Nieto, pasó la de Alfredo del Mazo y comenzó la de Delfina Gómez. La señal sigue ahí pero el pavimento y el drenaje no han llegado.
“Las más bonitas son las de Pau”
Esa niña es Luna.
Luna lleva un moño blanco, un uniforme impecable, mallones blancos y unas botas rojas que le llegan casi hasta las rodillas. Esas botas aíslan su uniforme impoluto del lodo y la tierra acumulada frente a la escuela.
Además de las botas, Luna destaca por su mochila, que parece más grande que ella. Es rosa con azul, de Lilo y Stitch, y de uno de los cierres cuelga un capibara color café.
Sin embargo, al igual que Jesús, dice que no le gusta usar botas y que preferiría llevar zapatos.
“Prefiero mis zapatos, pero cuando llueve se mojan”, dice.
Frente a la entrada de la primaria, Luna compra dulces antes de entrar a clases en un puesto que sostiene sus estructuras metálicas con piedras para evitar que se hunda o se mueva cuando vuelve a inundarse. Mientras pide, Luna se quita una mosca del rostro que proviene del puesto de pollos que está a un lado.
En tanto, decenas de niños siguen llegando a Lago Kokonor, donde se encuentra la escuela, sorteando charcos con botas negras y azules o con tenis completamente desgastados. Algunos avanzan caminando junto a sus padres. Otros bajan de motonetas o bicitaxis que se detienen frente a la primaria para evitar que crucen el agua.
Luna termina de comprar, se despide de su mamá y camina junto a sus tres hermanos rumbo a la puerta de la escuela, donde una maestra, quien también lleva botas, recibe a los alumnos. Y aunque las botas de Luna destacan de entre todos, dice que sus favoritas son las de su compañera Pau.
“Porque tienen corazoncitos, estrellitas y unicornios”.
Charcos hasta en la escuela
Dentro, cuando llueve, las canchas y el patio de la primaria Emiliano Zapata se llenan de agua. Fuera, frente a la puerta, persiste un charco que lleva días sin secarse. El año pasado, durante la temporada de lluvias, la escuela permaneció anegada durante casi cuatro meses.
Es por eso que Adriana, madre de Luna, dice que las botas forman parte del uniforme escolar.
“Todos tienen que traer botas. Inclusive la escuela puso como primer reglamento que los niños tienen que venir con sus botitas de lluvia porque se mojaban mucho”.
Adriana cumple con esta regla y lleva todos los días a sus hijos a la escuela con el uniforme impecable, a pesar del lodo y los charcos que tienen que sortear y de que en su casa no hay agua potable, por lo que tiene que comprar agua mediante pipas a las que paga 40 pesos.
Cambiar las botas por tenis para jugar fútbol
La Laguna de Chiconautla es una de las colonias de Ecatepec donde vecinos han promovido amparos relacionados con el acceso al agua y drenaje. En esta zona, miles de habitantes viven sin pavimentación, sin red hidráulica funcional y entre inundaciones que tardan días o incluso meses en desaparecer.
Datos oficiales de la Secretaría de Educación Pública (SEP) señalan que durante el ciclo escolar 2023-2024 miles de escuelas públicas en México continuaban operando sin servicios básicos. Al menos 17 mil escuelas primarias y secundarias no contaban con acceso a agua potable.
Asimismo, Mexicanos Primero alertó que una parte importante de los planteles del país no cuenta con drenaje, lavabos o sanitarios suficientes, lo que ha obligado a alumnos y escuelas a modificar clases o suspender actividades durante temporadas de lluvia o calor.
De acuerdo con la organización, 26 mil 463 escuelas de educación básica y media superior no cuentan con servicio de electricidad, 56 mil 109 operan sin agua, 43 mil 558 no tienen lavamanos y hay 5 mil 950 planteles sin sanitarios.
Una de estas escuelas es la primaria Emiliano Zapata, en Laguna de Chiconautla, donde estudian Jesús y Luna.
No obstante, Jesús dice que algún día quiere dejar las botas y usar unos Jordan 23 blancos o unos tenis Nike para jugar fútbol, ya que quiere ser futbolista profesional.
