ESPECIALES LSR

Orquesta Inclusiva de niños y adolescentes en Veracruz rompe estigmas desde hace 12 años

En el centro de Veracruz, la única Orquesta Inclusiva de México reúne a 35 niños y adolescentes con distintas discapacidades bajo la dirección de Chanito Castillo, un proyecto que nació en 2014 y hoy transforma vidas a través de la música, la inclusión y la lucha contra la discriminación

Orquesta Inclusiva de niños y adolescentes con discapacidad en Veracruz rompe estigmas desde hace 12 años
Orquesta Inclusiva de niños y adolescentes con discapacidad en Veracruz rompe estigmas desde hace 12 añosCréditos: Mara Lopez
Escrito en VERACRUZ el

VERACRUZ, VER.- La única Orquesta Inclusiva de México se encuentra en una casa del centro del puerto de Veracruz, entre paredes pintadas de azul, claves de sol y diplomas que la reconocen por derrumbar estigmas. Los integrantes son niños y adolescentes con diversas discapacidades, como José Manuel, de 19 años que tiene autismo y es el integrante más antiguo de la orquesta.

En Veracruz, la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023, calcula que el 8.2 por ciento de la población total estimada tiene algún tipo de discapacidad. Según valoraciones de la Asociación Veracruzana de Discapacitados Productivos, en el municipio se reconocen alrededor de 110 mil personas con discapacidad, correspondiente al 18.13 por ciento de su población total.

“Cada vez hay mayor porcentaje de niños y jóvenes con autismo que viven con el reto de la exclusión, del bullying. A veces se burlan de los padres por tener un hijo que a lo mejor es inquieto, que grita mucho, que no es igual a los demás que a la primera les dices ‘quieto’ y se pone quieto”, dice el maestro Chanito Castillo Zárate, constructor y director del proyecto que inició en 2014.

Chanito Castillo Zárate

Originario de la comunidad indígena de San Pedro Tetitlán, en Tehuacán de Puebla, el hombre de 38 años describe con orgullo la única Orquesta Inclusiva de México: un proyecto que venció la discriminación, la pandemia y la falta de recursos, y que tras 12 años pasó de cinco a 35 integrantes.

El grupo musical que guarda en su repertorio más de 100 canciones de salsa, cumbia, bolero, chachachá, merengue y otros géneros, está compuesto por niños y adolescentes con autismo, síndrome de down, síndrome de williams, síndrome de turner, asperger y otros tipos de discapacidades, como la visual e intelectual. 

Ahí, entre violines, un teclado, batería y congas, instrumentos financiados por Chanito, los jóvenes aprenden a relacionarse de otra forma, entienden de ritmos y de sueños que, por muchos años, les hicieron creer a sus padres que eran imposibles. 

Una orquesta sinigual

El sueño de Chanito era crear un proyecto diferente, pionero y de ayuda social que propicie el respeto, la música y el derecho a una vida plena. Él aprendió español durante la adolescencia, cuando emigró de su estado natal por necesidad. Sin embargo, el lenguaje de la música lo conoce desde niño, cuando tenía 5 años y experimentaba con algunos instrumentos. 

Su inspiración es su padre, un hombre que confió en su talento para la música y su composición, pero que le pidió hacer algo más: ayudar. “Quiero que ayudes con tus manos, con tu cabeza, con lo que sabes hacer, el dinero cualquier persona lo puede”, le dijo después de que Chanito construyera una carrera sólida en la música.

Y entonces, un día que conoció a una persona con discapacidad que solicitó informes para inscribirse a la Escuela Libre de Música en el Instituto Veracruzano de la Cultura, se preguntó por qué no hacer un proyecto musical formado únicamente por ellos. 

“No hay ninguna escuela, no hay ni universidades donde formen maestros de música para personas con discapacidad, pero todo lo que hago lo pongo en manos de Dios”, dice frente a su teclado. 

Los primeros años de la Orquesta Inclusiva fueron duros, emocional y financieramente. Chanito, que primero imaginó el proyecto dirigido a personas en situación de calle y con problemas de adicción, se topó con que sus indicaciones no eran respondidas igual.

“Yo recuerdo que le decía al alumno: ‘mueve la mano derecha’, y me levantaba la mano izquierda. Recuerdo mis primeras clases, yo terminaba llorando. A pesar de que yo tenía experiencia musical, pues yo no sentía lástima ni miedo, era una impotencia porque me ponía en los zapatos de esa persona y decía: ‘con más razón lo voy a hacer’”.

Chanito es licenciado en dirección orquestal con maestría en música, pero en todos sus años de preparación nunca fue instruido para enseñar a personas con discapacidad, aunque eso no lo detuvo. 

“Muchos de los papás no llevan a sus hijos al deporte, a la danza, a la música por el miedo del qué dirán, por miedo a que se burlen. Pero no papás, sí se puede”, insiste el hombre que, tras 12 años de dirigir la única Orquesta Inclusiva de México que además inspiró un proyecto similar en Centroamérica, endureció su paciencia y les demostró con hechos a la comunidad artística del estado, que dirigir una orquesta integrada únicamente por jóvenes con discapacidad es posible.

lm