XALAPA, VER.- La maternidad y la vida académica pueden coexistir, aunque el camino implique decisiones difíciles, sacrificios personales y una constante reorganización del tiempo. Así lo compartieron profesionistas y posgraduadas durante el conversatorio “Ciencia con Perspectiva de Vida: Mujeres, Academia y Maternidad”, organizado por el Instituto de Investigaciones y Estudios Superiores Económicos y Sociales (IIESES) de la Universidad Veracruzana (UV).
Teniendo como contexto el Día Internacional de la Mujer, el encuentro reunió los testimonios de Aurora Irazema Aguilar Contreras, Elda Magdalena López Castro y Rosy Wendoli Carrillo Ovando, quienes reflexionaron sobre los desafíos de cursar estudios de posgrado mientras asumían la crianza y el cuidado familiar.
La moderación del encuentro celebrado en el Aula Magna del IIESES y en el que se dieron cita académicos, colegas y estudiantes de sus posgrados, estuvo a cargo de Gabriela Suárez González, quien destacó que la producción científica ocurre en contextos atravesados por responsabilidades cotidianas, entre ellas la maternidad.
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Durante su intervención, Rosy Wendoli Carrillo Ovando explicó que su decisión de continuar en la academia fue un proceso gradual que se consolidó tras convertirse en madre.
Luego de varios años fuera del ámbito académico y con dos hijos pequeños, decidió retomar su formación e ingresar a un posgrado.
Relató que el mayor desafío no fue comprender teorías complejas, sino hacer investigación en medio de tiempos fragmentados: “Cuando eres mamá el mayor reto es producir lectura y escritura con un tiempo caótico, interrumpido por cuidados, clases, familia y cansancio”, explicó.
Carrillo Ovando añadió que durante varios años debió equilibrar el estudio con la atención constante de su hija, quien requería terapias y seguimiento médico, lo que redefinió la forma de organizar su vida cotidiana.
Aun así, optó por continuar con su formación doctoral convencida de que “nunca existe un momento perfecto para hacerlo”.
Por su parte, Elda Magdalena López Castro compartió que decidió estudiar el doctorado mientras ya ejercía como docente universitaria y madre de familia.
La experiencia implicó jornadas intensas de estudio durante la noche y madrugadas dedicadas a la escritura académica que continuaban por la mañana con las labores de crianza y domésticas.
Recordó que, incluso durante el posgrado, enfrentó la maternidad con un bebé pequeño: “El reto era no quedarme dormida y seguir escribiendo”, comentó, al señalar que muchas veces debía dedicar las noches a la investigación y al día siguiente retomar las responsabilidades familiares, además de las laborales.
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A pesar del cansancio y la presión académica, destacó que la motivación por alcanzar el grado y mejorar su trayectoria profesional fue clave para concluir el proceso: “Ser madre me llevó a límites que no imaginaba de mí misma”, expresó.
En tanto, Aurora Irazema Aguilar Contreras comentó que su interés por seguir estudiando surgió de una inquietud constante por aprender, aun cuando su vida personal la llevó a priorizar en ciertos momentos el acompañamiento familiar y la crianza de sus hijos.
Cuando decidió cursar una maestría, y posteriormente el doctorado, enfrentó cuestionamientos sobre si podría cumplir con las exigencias académicas siendo madre. Sin embargo, señaló que esos desafíos la motivaron a prepararse más y a fortalecer sus conocimientos en áreas donde inicialmente no tenía formación.
La investigadora subrayó que el doctorado coincidió con una etapa particularmente compleja de la maternidad, marcada por la adolescencia de sus hijos y el cuidado de su madre adulta mayor, lo que multiplicó sus responsabilidades.
Las participantes concordaron en que la sed de conocimiento y el deseo de superación personal fueron factores determinantes para continuar su formación científica y, aunque el proceso implicó renuncias, reorganización del tiempo y momentos de agotamiento, afirmaron que el esfuerzo ha valido la pena.
Asimismo, destacaron que compartir estas experiencias permite visibilizar los retos que enfrentan muchas mujeres en la academia y reconocer que la maternidad no cancela la posibilidad de construir una trayectoria científica, sino que redefine la forma de recorrerla.
