La decisión de Estados Unidos de no ratificar el TMEC y la imposición de revisiones anuales hasta su extinción en 2036, someterá a México a un grado de incertidumbre indeterminado y presiones recurrentes que condicionarán el desarrollo del país. De no hacer algo diferente, prevalecerá el escenario inercial de crecimiento del 1%, situación indeseable ante las crecientes necesidades de empleo e ingreso digno de la población.
Aunque el gobierno federal y algunas voces del empresariado han tratado de mitigar el golpe, señalando que habrá estabilidad e inversiones; lo cierto es que el “carril de las revisiones anuales” representa un riesgo latente y puede generar inestabilidad en el mediano plazo si se utiliza, como es previsible, como mecanismo de presión para obtener ventajas en otros temas de la agenda bilateral con los Estados Unidos.
Siempre que se evalúa un resultado se recomienda compararlo contra la alternativa. Comparado con la cancelación unilateral del tratado, situación prevista siempre y cuando alguna de las partes lo notifique seis meses antes, el mecanismo de revisión anual no parece un mal resultado; sin embargo, no es una buena noticia para la economía nacional, pues no garantiza las condiciones mínimas de claridad y certeza que requieren los inversionistas y es un cerrojazo a la solicitud que hicieron los gobiernos de México y Canadá de prorrogarlo por 16 años más.
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Es innegable que las revisiones anuales estarán acompañadas de presiones recurrentes y que cada cláusula quedará expuesta a la provisionalidad de la coyuntura y la discrecionalidad de nuestros socios comerciales. El criterio de anualidad nos coloca en un horizonte de muy corto plazo y en la modalidad del pago por evento, que siempre será más costoso para el país que un solo acuerdo de mediano y largo plazo.
Durante los siguientes diez años, nuestro equipo negociador tendrá que lidiar con tres administraciones norteamericanas. Mantener la ilusión de que la siguiente elección modifique la posición de la actual y nos permita aprovechar condiciones y ventajas que no hemos capitalizado en la revisión del 2026, sería un grave error.
A quienes apuestan al fracaso del presidente Trump en la elección intermedia, habrá que recordarles que este es un tema estructural para la Unión Americana. Sea cual sea el resultado en esta y futura elecciones, Estados Unidos siempre hará valer sus intereses; por convicción propia y responsabilidad elemental, bien haríamos en tomar las decisiones que nos corresponden para estar en mejor posición de negociación y asumir, de una vez por todas, que el futuro de la negociación trilateral no puede depender solo de los factores externos,
Si la mejor política exterior fuese la interior, es momento de aplicarla, y dejar atrás cualquier asomo de arrogancia para mejorar nuestra posición frente al acuerdo más importante para nuestro país. No hacerlo, es exponernos a sufrir la tragedia de la que nos previene Homero en la Odisea “¡Oh dioses! ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino “
