Para nadie es novedad que un grupo de países dominan la generación de energía nuclear, y entre ellos Estados Unidos juega un papel hegemónico, pues aunque no fue la primera nación en utilizar esta energía para generar electricidad, sí sentó las reglas con las que se debería manipular y generar la energía nuclear.
En 1950 Rusia puso en marcha la primera central en el mundo para generar electricidad a partir de la energía nuclear y posteriormente, en 1954, Reino Unido echó a andar su propia central nuclear para producir energía eléctrica.
Hoy, trece países dominan la producción de energía nuclear a nivel mundial, Estados Unidos encabeza la lista de quienes utilizan esta fuente para generar electricidad, detrás están China, la India, Canadá, Corea del Sur, Japón y un conjunto de más de 13 países europeos. De hecho, en 2022 la Unión Europea le otorgó la característica de “sostenible” a la energía nuclear para generar energía eléctrica.
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Pero utilizar esta fuente para generar electricidad, es un privilegio al que no todas las naciones tienen acceso, y no es precisamente por un tema de acceso a la tecnología requerida o a los recursos económicos necesarios para iniciar un programa de desarrollo nuclear con fines civiles, como se le conoce a esta fuente para generar electricidad. No, es asunto más que pasa por un tema político y geopolítico que desde Washington es clasificado como riesgoso o no.
Irán es el mejor ejemplo de esto, desde el año 2000 iniciaron las auditorías a su programa de energía nuclear con fines civiles o dicho de otro modo, el escrutinio al que ha sido sometido el país Persa sobre su programa nuclear, no sólo es una revisión de “seguridad” sino una estrategia de vigilancia que condiciona su proyecto energético por razones de un contexto de “alto riesgo” en Oriente Medio, esto de acuerdo con Washington.
A lo largo de 26 años, ningún otro país ha sido más vigilado ni cohersionado para no avanzar en su programa nuclear como ha sucedido con Irán; sin duda, este es uno de los ejemplos más polémicos por su papel como principal financiador de la resistencia de Hamás en Palestina y de grupos como Hezbolá que, para occidente, son grupos considerados terroristas y que combaten la política expansionista de Israel en la región.
Estos hechos son, al menos eso asegura Estados Unidos, las razones principales para evitar que Irán cuente con un programa de desarrollo nuclear que, como aseguran en occidente, de continuar avanzando, podrían alcanzar las condiciones necesarias para desarrollar una bomba nuclear.
Bajo este supuesto, la administración Trump junto con Israel, iniciaron las hostilidades contra Irán el pasado mes de febrero que han puesto al planeta en un vilo pero que sobre todo, amenaza con volar por los cielos todo Oriente Medio. En este contexto, cualquier intento iraní por avanzar en su programa nuclear con fines civiles buscará ser detenido. Sin embargo, la política empleada por Washington sobre el programa nuclear iraní, podría ser fácilmente replicado en cualquier otra latitud del planeta ante un gobierno al que Estados Unidos considere un peligro o que simplemente no esté alineado a las políticas y principios occidentales.
Pero ¿qué es lo que hace que esto sea importante? En principio, el tema de seguridad estrictamente, le concede tan solo a unos cuantos países el “privilegio” de poder contar con un programa nuclear con fines armamentistas, pero también tiene que ver como un vía para garantizar y proveer energía eléctrica que, con el boom de la demanda energética que se avecina, quien domine los medios generadores de electricidad, dominará y sentará las reglas del juego económico mundial en los años por venir.
Por ello la urgencia de Trump por hacerse con el control o por lo menos manifestar su interés por tener acceso al mayor número de fuentes de energía para producir electricidad, independientemente de la fuente de la cual provengan. Demás está hablar de Venezuela y las medidas implementadas por Washington en el país sudamericano.
Para Trump y compañía, el objetivo Irán no se enfoca sólo en el “peligro” de su programa nuclear que, vale decir, pese a 26 años de escrutinio, todos los organismos internacionales especializados, así como universidades, incluso de Estados Unidos y agencias de investigación de energía nuclear, no han logrado comprobar o encontrar indicios de que el programa nuclear iraní se esté desarrollando con fines bélicos, lo que tira por los suelos el argumento del presidente estadounidense para haber iniciado una guerra de la que no han salido bien librados hasta ahora.
Pero insistimos, el asunto de Irán no debería verse como un caso aislado, por el contrario, forma parte de una estrategia global para limitar a algunos países y beneficiar a otros en la utilización y desarrollo de programas nucleares con fines civiles para producir electricidad. Bajo este escenario, el resto de los países quedan supeditados a los designios del “mercado” energético y las fuentes disponibles generalmente producidas por el mismo grupo de países que ya controlan la energía nuclear.
Utilizar la energía nuclear como fuente generadora de electricidad no sólo es un tema de eficiencia y menores costos de electricidad, es garantizar una fuente lo suficientemente robusta y sostenible, entiéndase con este término constante en el tiempo para suministrar las plantas de producción y manufactura que son los principales polos consumidores de electricidad en el mundo, no como volúmen, sino por intensidad energética que es lo que se requiere para mantener funcionando una planta industrial las 24 horas del día, condición distinta al consumo de los hogares en donde el volúmen es mayor, pero de menor intensidad que la requerida en los centros de producción y, próximamente, en los centros de datos.
Así que, condicionar el tipo de energía que los países deben o pueden utilizar en sus plantas de producción, también determina el nivel de desarrollo económico que una nación pueda alcanzar, determina su nivel de generación de emisiones contaminantes y su “compromiso ambiental”, pero sobre todo, supedita sus requerimientos a los designios de los países dominantes.
La energía nuclear para producir electricidad es una de las fuentes más eficientes con las que puede contar la humanidad, el asunto y esto amén de la amenaza al medio ambiente y el factor de seguridad que implica manejarla ante un siniestro, condiciona no sólo el desarrollo de una nación sino que, además, supedita su desarrollo a las condiciones geopolíticas y económicas dominantes en el planeta.
