MUNDIAL 2026

Después del Mundial

El domingo se acabó la ilusión: México cayó 3-2 ante Inglaterra en octavos de final, en el estadio que un día se llamó Azteca, y con eso se fue también la última excusa colectiva para no voltear a ver el país real. | Julio Castillo

Escrito en OPINIÓN el

El domingo se acabó la ilusión: México cayó 3-2 ante Inglaterra en octavos de final, en el estadio que un día se llamó Azteca, y con eso se fue también la última excusa colectiva para no voltear a ver el país real. El “aztecazo” confirma lo de siempre: no se llega a cuartos de final desde hace cuatro décadas (que en realidad eran menos equipos), y ese patrón, como tantos otros en este sexenio, no cambia sólo porque el marketing alrededor sí lo haga.

Durante un mes el país entero tuvo, por fin, algo de qué hablar que no fuera la lista de motivos para preocuparse. Fan fests, banderas, un pato viral Merlín. Pero el Mundial nunca fue una pausa real: fue una cortina. Y las cortinas, cuando se corren, dejan ver exactamente lo que había detrás. Van algunos de los pendientes que la fiebre mundialista tapó, empezando por los que estaban en primera fila y nadie quiso mirar.

  • El TMEC entra en su momento más frágil justo ahora. Estados Unidos ya avisó que, por lo pronto, no está dispuesto a extender el tratado automáticamente por 16 años, así que los tres socios entran al mecanismo de revisión anual, con la primera mesa formal el 20 de julio en la Ciudad de México. En medio de esa negociación, sin margen y sin cartas propias, estallaron rumores de la renuncia de Marcelo Ebrard, que el gobierno se apuró a desmentir el mismo día. Que la salida del negociador en jefe sea, siquiera, un rumor creíble en la semana más delicada del tratado dice todo sobre la fragilidad con la que este gobierno llega a la mesa: sin margen, sin plan B y, ahora, sin certeza ni de su propio equipo.
  • La presidenta Claudia Sheinbaum se convirtió en la primera jefa de Estado anfitriona en la historia del Mundial que no asistió a la inauguración. Su explicación fue que “no necesitamos codearnos arriba” y que regaló su boleto —el número 001— a una aficionada. Bonita historia para la mañanera; la real, según casi todos los analistas que la leyeron ese día, es que el cálculo político le indicó que aparecer en un estadio lleno significaba exponerse a un abucheo masivo y en cadena nacional. Prefirió no darle a México esa imagen. El país, sin embargo, ya la tiene: la de una presidenta que le teme a su propia gente… y con razón: la aprobación de Sheinbaum cayó por primera vez debajo del 50%, según Atlas Intel para Bloomberg — 48.9% en junio, contra 53% en mayo y muy lejos del 66% que tuvo apenas en abril del año pasado. Ya no es sólo la inseguridad: la corrupción sigue siendo la principal preocupación de los mexicanos, pero el alza en precios y en la canasta básica desplazó por primera vez en casi un año al crimen como segunda causa de malestar. El desgaste ya no es un rumor de columna; es una tendencia medible y sostenida.
  • Mientras todos veíamos el balón, la violencia siguió su curso de siempre. La Fiscalía de Veracruz confirmó el asesinato de la periodista Roxana Guzmán Ramírez, desaparecida desde el 2 de junio. Un feminicidio o un asesinato de un o una periodista ya no detiene ni una mañanera, mucho menos compite con un octavo de final. El país sigue siendo de los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, Mundial o no.
  • En Estados Unidos, Ismael “El Mayo” Zambada pidió a una corte federal ser recluido en una prisión con capacidad para atender sus problemas de salud, después de declararse culpable de cargos de narcotráfico. El otro proceso judicial, el que de verdad importa para entender qué México estamos heredando, avanza en silencio en tribunales de otro país, mientras aquí discutimos penales y fueras de lugar.
  • La economía tampoco se tomó vacaciones. Esta semana Banxico decide su tasa de referencia, en medio de la incertidumbre arancelaria que el propio TMEC dejó sin resolver. En el primer trimestre del año se perdieron 227 mil empleos formales según el INEGI, y esa cifra no aparece en ningún resumen deportivo, pero es la que de verdad le pega al bolsillo de la gente.

El marcador del Mundial ya se cerró para México. Los otros marcadores —el de la aprobación presidencial, el de los desaparecidos y las víctimas, el del TMEC, el de los empleos perdidos— nunca dejaron de correr, sólo que no había cámara apuntándoles. Ahora que se apagaron las pantallas gigantes del Zócalo, ya no hay pato, ni fan fest, ni octavos de final que tapen lo que sigue ahí.

La pregunta, como siempre en este sexenio, no es si el gobierno tiene con qué explicar lo que viene. Es si, sin el balón rodando, todavía le queda a quién distraer.

 

Julio Castillo

@JulioCastilloL