Se asume que el estado de derecho es la regla básica de gobernabilidad de un país. Puede ser cualquier país independientemente de su localización geográfica y del corte ideológico que lo dirija. La constitución de cada país, además, es la garante de ese estado de derecho del que muchos hablan.
El problema no es que se defienda el estado de derecho con la convicción y la pasión que ello significa, el asunto es que esos argumentos, quedan a un lado o son ignorados cuando se omite que la constitución está por encima o, es sí misma, ese estado de derecho que algunos defienden y en otras condiciones ignoran.
Y es que la constitución no sólo es el fundamento del estado de derecho, es además, el sostén y base de la soberanía de cualquier país, así que, cuando algunas voces denostan el principio de soberanía de una nación o incluso de su propio país, lo que están haciendo, es violentar precisamente ese estado de derecho que defienden y sólo la denostan cuando se convierten en una oposición hueca y sin fundamentos como sucede hoy en México.
Te podría interesar
Quien así piensa y actúa, aprueba y comulga con la imposición de la ley del más fuerte por lo que es fácil imaginar, que aplauden y apoyan por ejemplo, la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán que violó justamente el estado de derecho internacional al igual que en Venezuela sin que ninguna de las dos naciones, hubiera dado uno de los tantos motivos que estipula la carta de las Naciones Unidades que justifique un ataque como el que ambos países sufrieron ante la política imperialista de Washington.
Pero ahora, con la guerra en Irán, la intervención en Venezuela y lo que parece una inminente intervención en Cuba, hay voces exitadas de mexicanos que añoran ver a las fuerzas armadas norteamericanas en territorio nacional para resolver, según ellos, un “problema” que los propios mexicanos no hemos sido capaces de resolver como lo es el narcotráfico a causa de la corrupción que muchos amparan aún desde sus escritos y narrativas. Pero es ahí donde el asunto se complica.
Es por demás inquietante ver cómo en quince días el ambiente en México entró en una ebullición causada por una doble violación a la soberanía del país y el rompimiento del estado de derecho que, en ambos casos bajo el pretexto de combatir al narcotráfico, se ha violentado el orden constitucional. El asunto es que la gobernadora de Chihuahua Maru Campos, violó flagrantemente la constitución al permitir la operación de agentes de la CIA saltándose todos los protocolos de seguridad nacional y es tan culpable y transgresora del estado de derecho como lo puede ser Rubén Rocha Moya en caso de comprobarse su colusión con el narcotráfico.
Así que uno por usurpar funciones y el otro por su presunta colusión con el narcotráfico, ambos delitos, bajo condiciones de otro tipo de gobierno distinto a los principios que marcan la constitución mexicana vigente, estarían o deberían estar siendo juzgados por traición, así que, quienes impunemente abogan por la intervención de las fuerzas armadas de los Estados Unidos en nuestro país, deberían de tener en cuenta que no sólo violentan el estado de derecho nacional, además, faltan a los principios de libertad que dicen apoyar. Si nos asomamos un poco más a las fauces de quienes así piensan, veremos en ellas las sombras del facismo en México.
Si nos ponemos estrictos en el caso de Rocha Moya, debemos sostener lo que en este espacio se ha manifestado en más de una ocasión, si es culpable, debe pagar independientemente del partido a que pertenezca, pero lo que debemos tener en cuenta también es que si vamos a juzgar al actual gobernador de Sinaloa por sus vínculos con el narcotráfico y si tomamos como válidas las vehementes acusaciones de toda la oposición vociferante, deberíamos admitir que nos estamos quedando cortos a la hora de señalar y acusar a un solo político o gobernante pues deberíamos ir más allá y entonces la “justicia” norteamericana y de la que dice promover la derecha fascista mexicana, tendrían que estar detrás de cuando menos los últimos siete ex gobernadores de Sinaloa y también deberían tener solicitud de extradición, cuando menos, los exgobernadores de Tamaulipas, Baja California, Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Estado de México y Chihuahua en otros. Así como cuando menos, los últimos cinco presidentes.
Así que resulta caprichoso que cuando descubren la incursión de la CIA en México bajo la custodia de la gobernadora de Chihuahua en violación de la constitución mexicana, aparece desde los Estados Unidos una orden de extradición contra el gobernador, casualmente de Sinaloa, que es la entidad con el mayor estigma por narcotráfico. El hecho desvía completamente la investigación de las autoridades mexicanas sobre los enlaces que hicieron posible la entrada de agentes de la CIA a nuestro país y que, en términos estrictos, tiene más tintes de espionaje que de combate al narcotráfico. Así que, sólo por el hecho de que Maru Campos actuará al margen de la ley apoyando actividades de espionaje, debería cuando menos, renunciar al cargo.
Asumir que es buena idea dejar en manos de los Estados Unidos el combate al narcotráfico, es como abrirle la puerta a los lobos al corral de los becerros. No, el gobierno estadounidense no actuará para garantizar la paz de los mexicanos como algunos lo presumen, lo que hará será garantizar todos sus intereses que pueda ligar a su seguridad, su economía, su requerimientos energéticos y de materias primas. Esto lo vemos en Irán, la guerra en esa región es por los energéticos que un día un grupo de agoreros aseguró que se agotarían. Y aunque aún hay quienes quieren seguir vendiendo la idea de que las energías fósiles están por extinguirse, pierden de vista que ninguna nación inicia una guerra con el costo que ello significa por un recurso agotado.
Lo mismo es la supuesta guerra contra el narcotráfico pues mientras existan agoreros que claman por las fuerzas armadas estadounidenses en México, están empoderando a los narcotraficantes de Estados Unidos que se han enriquecido con la sangre de mexicanos, colombianos, bolivianos y de otras naciones. Esa es una historia que muchos quieren ocultar y otros rechazan escuchar pues la nación que idealizan tampoco es la virtud democrática que muchos desean aunque la narrativa diga lo contrario, pero de eso, hablaremos en otra entrega.
