OPINIÓN

8 de marzo: cuando marchar es más peligroso

Tras la marcha del 8M viene la criminalización, se inician carpetas de investigación contra manifestantes. Tenemos a alcaldes amenazando de sancionar cuando ellos no trabajan nada en la seguridad de mujeres y niñas | VIOLETA SOSA ZAMORA

En Pachuca, marcharon miles de mujeres el pasado 8 de marzo.
8M.En Pachuca, marcharon miles de mujeres el pasado 8 de marzo.Créditos: Emily Morales / LSR Hidalgo
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Cada 8 de marzo, se repite lo mismo. Las mujeres salen a las calles a exigir que dejen de matarlas, violarlas, discriminarlas y violentarlas, y la respuesta de la sociedad y del Estado es la misma: violencia, misoginia, represión, gases lacrimógenos, detenciones arbitrarias, golpes. Como si el mensaje fuera claro: pueden marchar, pero les vamos a recordar por qué necesitan marchar.

Este año no fue la excepción. En todo el país, las manifestaciones terminaron como siempre: con mujeres heridas, detenidas, criminalizadas por atreverse a gritar que están hartas. Y como siempre, el debate público se desvió de lo importante. No hablamos de por qué 11 mujeres o más son asesinadas cada día. Hablamos de si estuvo bien que rayaran un monumento. Porque en México a algunas personas les importan más las piedras que las mujeres.

Y aquí es donde entra el concepto que nadie quiere entender: la iconoclasia. Destruir o intervenir símbolos y monumentos como acto político no es vandalismo. Es protesta. Es decir: si ustedes no escuchan cuando hablamos, si nos ignoran cuando denunciamos, si matan y no pasa nada, entonces vamos a tocar lo que ustedes consideran sagrado. Porque un monumento rayado genera más indignación que mil mujeres muertas. Y eso es precisamente lo que están señalando.

Pero lo más absurdo es la indignación selectiva. Nos rasgamos las vestiduras por un monumento rayado, pero nos encogemos de hombros ante los feminicidios. Exigimos cárcel para quien pinta un ángel, pero no exigimos justicia para las miles de mujeres asesinadas. Hay más policías protegiendo estatuas que investigando violaciones. Hay más presupuesto para limpiar grafitis que para refugios.

Y luego viene la criminalización como si se cumpliera con la prevención y la sanción, se inician carpetas de investigación contra manifestantes. Tenemos a alcaldes amenazando de sancionar cuando ellos no trabajan nada en la seguridad de mujeres y niñas, cuando se tiene temor de caminar en una calle sola porque tienen a la ciudad en penumbras, y mientras se publican las fotos de las manifestantes como si fueran criminales peligrosas. Mientras los feminicidas siguen libres y los violadores no son investigados. Pero las mujeres que rayaron una pared sí merecen todo el peso de la ley.

Y sí, hay violencia en las marchas. Hay mujeres que rompen, que queman, que destruyen. Pero antes de escandalizarse, pregúntense: ¿cuánta violencia han soportado esas mujeres para llegar a ese punto? ¿Qué harías cuando una mujer cercana a ti nunca vuelva a casa e incluso tengas que salir a buscarla? La violencia de unas horas en una marcha no se compara con la violencia sistemática que las mujeres viven todos los días, pero eso ya lo han normalizado, solo se condena lo que sucede el 8 de marzo. Incluso vergonzosamente algunas autoridades sin el mínimo de sensibilidad o sentido común pretenden enseñarte a preparar un kit forense por si desapareces, en lugar de cuidarte.

Se debería proteger a las mujeres, pero se les golpea por exigir libertad y seguridad. La sociedad que debería indignarse por los feminicidios se indigna por las pintas. Los medios que deberían visibilizar la violencia de género, visibilizan solo la violencia de la protesta. Las mujeres que marcharon son sobrevivientes hartas. Son madres buscando a sus hijas desaparecidas. Son víctimas de violencia que ya no aguantan más. Son personas que esperaron mucho tiempo antes de que se les hiciera justicia, porque es más importante gastar en cuestiones superfluas que en prevenir y abrir más instancias de todos los niveles de justicia que saturadas están.

Y sí, algunas rayaron monumentos. Porque después de décadas de pedir justicia por las buenas y no obtener nada, decidieron pedirla por las malas. Y si eso les parece violento, pregúntense qué tan violento es un Estado que lleva décadas fallándoles y el estado somos todos porque la población forma parte de él.

Violeta Sosa Zamora, columnista LSR Hidalgo.